
Una de las marcas más fuertes que tiene esta ciudad es su actividad cultural. Y así se evidenció el sábado por la noche en este fantástico acontecimiento que organizamos, llamado la Noche de los Museos.
Qué felicidad enorme poder recorrer junto a más de 400 mil personas los 102 lugares abiertos hasta altas horas de la madrugada. Una ciudad exultante, de alegre conmoción, con colas y colas de gente disfrutando de manera conjunta. Disfrutábamos el hecho de ir a algunos de los bellísimos lugares que tenemos, como museos, patrimonios, visitas o espectáculos, pero hacerlo con multitudes, hacerlo con muchos otros. Eso es lo que me parece que a todos nos atraía, a todos nos conmovía. Sin distinción de edades o de sectores sociales. Cada vez que entrábamos a uno de los museos, como el Palais de Glace, el Recoleta, o el Palacio San Martín con esos hermosos salones, había un clima de pleno disfrute.
El mapa de los museos incluía 102 lugares entre museos y monumentos históricos. Y se sumaron muchísimas galerías y museos no públicos, como el Proa en La Boca. Muchísimos lugares que no están abiertos al público habitualmente.
Una de los sitios que visité, en el cual vi cosas que no conocía, es el Palacio San Martín. Es la primera vez que la sede de la Cancillería, que es uno de los grandes palacios que tiene la ciudad de Buenos Aires, abrió para todo el público. Era una de esas grandes casas tradicionales, que en ese caso había pertenecido a los Anchorena, que ha tenido una restauración estupenda y me parece que los porteños nos merecemos conocer nuestro patrimonio y recuperar el orgullo por lo que tenemos.
Otro de los lugares que más gente visitó fue la Torre de los Ingleses. Allí terminamos la noche con una actividad musical.
La idea de la Noche de los Museos nace en Alemania, en Berlín, en el 77.
Los museos en general son sinónimos de aburrimiento, pues se les pone un manto de solemnidad impenetrable. Pero si se buscan formas innovadoras de generar un acercamiento a ellos podemos disfrutarlos de una forma diferente.
Ojalá que este ritmo siga. Yo creo que así será. En Buenos Aires la política cultural es una cuestión central porque alrededor de eso, por ejemplo, se acentúa la generación de valor en otros ámbitos, como puede ser el incremento en la producción local o la generación de puestos de trabajo. A mí la cultura me importa por lo que es en sí y lo que nos mejora individual y colectivamente, pero a su vez tiene una dimensión que excede lo meramente cultural. Por ejemplo, del total de la concurrencia del sábado más de un 10 % eran extranjeros. La cantidad de turismo que hoy viene a la ciudad de Buenos Aires es gente de todo el mundo que viene centralmente por la oferta cultural. Y en la oferta cultural también incluye por ejemplo, venir y comprar diseño argentino, diseño de Buenos Aires. Es decir, mucho valor agregado, puestos de trabajo, talleres, etcétera.
Creo fervientemente que las políticas culturales son una herramienta fortísima de las economías más desarrolladas. Por un lado, porque ponen felices a la gente del lugar, pero además porque tienen una dimensión económica formidable.