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lunes, 8 de junio de 2009

Los días de la ira: poder, elecciones y escraches

El escrache es un delito y la acusación de golpista es difamatoria.
Así de simple. Y así, irresponsable y naturalmente, seguimos aceptando que el odio esté entre nosotros. Ya estaba antes, mucho antes de que esta campaña comenzara. Poco importan las razones por las que el odio se ha hecho presente en nuestra vida social y política, y menos importa discutir quién empezó. Lo que importa es erradicarlo. No se logrará en esta deslucida campaña, pobre en ideas como nunca, absurdamente plebiscitaria como si se eligiera presidente y no legisladores, y con
más candidaturas individuales que partidarias que, además, declaman soluciones de una frase para problemas complejos.
Una de las mayores tareas de los líderes y dirigentes es robustecer, en toda la sociedad, la certeza de que no solamente habitamos un mismo país, sino que formamos parte de una misma comunidad de valores e intereses. Si eso ya es muy difícil de lograr en una sociedad con obscenas diferencias entre pobres y ricos, ese objetivo se vuelve más inalcanzable aún si no hay relaciones de respeto y convivencia entre unos líderes que hasta hoy no han sabido salirse de un escenario en el que algunos generan, otros reproducen y pocos rechazan el odio.
Ese odio vociferado – y amplificado por cierto periodismo cebado en el escándalo- alienta la intolerancia de la sociedad. El círculo vicioso se cierra cuando esa dirigencia, creyendo que así no quedará descolocada frente a la opinión pública, aumenta la apuesta. Una opinión pública que no percibe actitudes ejemplares de la dirigencia nunca es buena consejera.
Es el miedo lo que nos hace odiar, porque es nuestra reacción frente a situaciones o personas que nos pueden dañar o destruir. Más allá de las pasiones indivuales -cuya moderación es asunto y tarea de cada uno-, en tanto síntomas político y social, ni el miedo se combate con otras acciones temerarias, ni el odio se disuleve impostando palabras de amor.
La precondición para diseñar un proyecto colectivo es erradicar el odio en las relaciones políticas y sus efectos en la sociedad.
La valentía, en todo caso, es poner de manifiesto una verdad, que debe decirse sin especular con que eso agregue o quite algún votante. La verdad es que, puertas adentro, los diálogos entre los dirigentes son bastante más civilizados que cuando aparecen los micrófonos, se encienden las cámaras y la consigna parece ser “¡Aplastemos al perdedor. Venguémonos del ganador!”. Nadie debe sentirse más debil, al contrario, por decir en público lo que dice en privado. Como mínimo, mostraría que a muchos les preocupa no poder encaminar la Nación, de una buena y sostenida vez por todas.
Pero como cuando no hay vida interna en los partidos políticos se acata la voz del amo, hay temor entre los oficialistas de contar en público que ellos reconocen en privado que no hay golpistas en la oposición, porque simplemente, no hay sectores golpistas en la Argentina.
Tambien en voz baja, muchos dirigentes de esa oposición admiten que ellos también eligen a dedo a sus candidatos, que aprovechan una ola de descontento en contra del gobierno nacional, y que muchas de las acciones de gobierno de estos últimos 6 años han sido correctas. Las bravuconadas y chicanas, con las que se intenta ineficazmente disimular la falta de ideas, hacen imposible los debates porque….¿cómo debatir con un golpista o un dictador?
Los poco ilustrados manuales de nuestro marketing electoral sugieren demonizar al adversario, cueste lo que cueste y no tomar los riesgos de la discusión política. “La gente no cree más en la política” repiten los gurúes que abrevan, todos, del mismo libro gordo de Petete de campaña. “Viene Chavez” o “Vuelve el 2001” son consignas igualmente falsas que apuntan a generar miedo. Luego, siembran odio.
La leyenda de la edad de oro de argentina es solo eso, una leyenda. Pero sí hubo momentos de encuentros, y si sus resultados no fueron más luminosos o no evitaron los tiempos sombríos posteriores, fue porque no los supimos sostener. No está en nuestros genes el desencuentro; ni tampoco la unión en un supuesto destino ineluctable. En los años 70, pagamos con sangre, sudor y lágrimas no haber entendido y defendido con convicción el abrazo entre Perón y Balbín. Y en los ochenta, el diálogo franco y respetuoso entre el alfonsinimo y la renovación peronista fortaleció la democracia e impidió los intentos de desestabilización institucional. Nuestra cultura política está lejos de haber mejorado desde entonces. Hoy aceptamos, por ejemplo, que la legitimidad de las candidaturas se defiende en los tribunales, y no a través de la selección interna de los partidos –elecciones abiertas, cerradas para afiliados, directas, indirectas…como sea!!-.
Por supuesto que no ha sido la falta de tiempo ni ningún otro escollo leguleyo lo que lo impidió, sino la rústica vocación de demostrar que aquí se hace lo que yo digo, y listo. Esa es la frase que mete miedo.

Jorge Telerman
Publicada el Domingo 7 de Junio en el Diario Perfil

domingo, 24 de mayo de 2009

La elección de los renunciantes

La mayoría de los líderes de todos los signos políticos sigue expresando sus deseos de una Argentina seria y normal. Sin embargo, una porción también mayoritaria reitera comportamientos estrafalarios. Edificar instituciones normales, a base de comportamientos anómalos, no parece una idea inteligente.

La dirigencia argentina que hoy protagoniza el escenario público está integrada en general por personas que hemos crecido en medio de anomalías mucho más graves –golpes militares, violaciones a los derechos humanos, guerra a la alianza occidental y casi a Chile, hiperinflaciones, remate del patrimonio nacional, defaults– que fragmentaron y desgarraron a la Argentina, convirtiéndola, más de una vez, en una paria internacional.

Si bien es posible encontrar algunas de esas huellas en nuestra paupérrima cultura política actual, llegamos a esta decimotercera elección legislativa del período democrático más extenso de nuestra opaca historia republicana con la certeza de rechazar cualquier retorno de lo siniestro. Es promisorio, aunque insuficiente.

Aún tenemos que aceptar otras condiciones indispensables para lograr que las mayorías –el pueblo, como se decía antes de esta moda tan insulsa de denominarlo “la gente”– se involucren, comprendan y hagan suyas –para acompañarlas o para exigir que se corrijan– las acciones siempre complejas orientadas a la consolidación de una nación con equidad, desarrollo e innovación.

Las campañas electorales hacen que se tense la cuerda y se exageren las diferencias; pero esta vez, la cuerda ya venía tensada por los discursos blindados que acusan a la oposición de ser la antipatria; y aquella, en espejo, respondiendo que hay que sacarse de encima a este Gobierno a cualquier precio. Lamentablemente, esas cosas se escuchaban –y se escuchan– también en las conversaciones sociales.

No es un defecto de esta campaña electoral, entonces, que no se estén discutiendo las ideas y programas convenientes para la realización de un proyecto nacional; el defecto es que no se expresan ni la vocación de delinear tal proyecto, ni el coraje de plantear los instrumentos indispensables para promoverlo y gestionarlo.

Los contenidos de una hoja de ruta de un proyecto nacional incluyen, seguramente:

u El combate contra la pobreza y la exclusión.

u Un sistema impositivo y de coparticipación progresivos, que permitan que el Estado obtenga sus ingresos de manera mucho más equitativa y con sentido federal.

u Planes demográficos, de desarrollo urbano y obras públicas que modifiquen radicalmente la irracionalidad de que uno de cada tres argentinos vivamos –y una parte apenas sobreviva– en una milésima parte del territorio nacional habitable.

u Limitación de un hiperpresidencialismo que magnifica las crisis, otorga discrecionalidad y debilita la noción de que la oposición es parte del gobierno, por más que no participe del Poder Ejecutivo.

u Mejoramiento drástico de la calidad educativa y aumento exponencial de la inversión en investigación y desarrollo científico-técnico.

Nada de esto, que además no es todo, podría hacerse sin una base de apoyo político y social cuya articulación es responsabilidad del sistema de partidos políticos. Los procesos electorales muestran el tipo de vínculo que la dirigencia política ha logrado anudar con la sociedad. Más aún con nuestra sociedad que hasta anteayer pedía “que se vayan todos” y hoy parece pedir que se queden, pero solos, sin partidos políticos.

Un comportamiento político vergonzante, signado por las individualidades y personalismos y no por la construcción colectiva, no se atreve a plantear esa verdad, porque el marketing dicta que es antipática.

Partidos políticos representativos, que modelan sus identidades con programas que no difieren mucho de lo que harían una vez en el gobierno, que forman y promueven dirigentes y candidatos con mecanismos de democracia interna, volverían a conquistar la confianza de la sociedad e impedirían estos comportamientos astutos, pero no inteligentes, que dominan gran parte de este escenario electoral. Astucias que desagradan, pero que aún aceptamos: candidatos que renuncian a lo que se comprometieron a ejercer –vicejefa, diputado o legislador local–, para ser otra cosa parecida; otros que se presentan a cargos electivos sabiendo que no asumirán, lo que impide, además, que se sepa quiénes son y qué piensan los que sí lo harán. No busquemos matices que no existen: todos esos casos bastardean la tan reclamada calidad institucional.

Ganar elecciones es el deseo legítimo de los políticos, pero si sólo hay astucia, gana el cinismo. La victoria a cualquier precio le sirve sólo, y por poco tiempo, al ganador. Suele ser la corta antesala de la decadencia posterior.

Jorge Telerman
(Publicada en el Diario Perfil el Domingo 24 de mayo)

martes, 10 de marzo de 2009

Memorias interrumpidas

Pocos días antes de su último viaje a Egipto a fines de 1995, Mitterrand le entregó este libro de memorias a su editora Odile Jacob. En abril de 1996, "Memorias Interrumpidas" salió a las calles de París, en medio de una gran expectativa. En pocos días, este legado póstumo de Mitterrand, logró conmocionar no sólo al pueblo francés sino también al ámbito político y cultural europeo. En estas páginas, se hallan la política y la literatura, las dos pasiones de su vida...y también de la mía.


Les dejo esta interesante cita a modo de anzuelo:
"Ahora, sin guerra perdida, sin golpe de Estado, sin resistencia organizada, sin conspiración, el imperio se hundió por si mismo, sobre sí mismo, corroído desde su propio interior, con sus funcionarios robotizados, su economía arruinada, vacías de sentido sus referencias teóricas; formidable molino de oraciones contra un cielo vacuo."
Pag 204

Para ver el libro Google Books, hacé clic

lunes, 2 de marzo de 2009

Preocupado...

...por algunas voces que aún creen que por el camino de la Pena de Muerte hay alguna respuesta.


viernes, 20 de febrero de 2009

“Aplastemos al perdedor; venguémonos del ganador”

Algunas consideraciones sobre el debate de ayer en Facebook


Fue un arduo intercambio de ideas sobre los fracasos y éxitos del Gobierno Nacional y me hizo pensar muchas cosas de nuestra actitud como argentinos frente al otro.

Es comprensible que una discusión coyuntural se ponga en los términos de todo o nada como aparecen en muchos de los comentarios que se dieron en el debate. Cuando el tiempo pase, como le sucede a todo el mundo, quienes apoyan al gobierno podrán ver y reconocer las políticas, conductas e ideas erróneas de estos años, y los más críticos podrán señalar aciertos y mejoras.

Pero hay otra encrucijada que persiste y reconoce orígenes culturales e institucionales.

Halperín Donghi, historiador inteligente más allá de las muchas diferencias que uno tenga con él, señala que los vencedores, a lo largo de nuestra historia, no han sabido, ni querido, incluir al vencido. No me refiero a las dictaduras, cuya perversión excede ese señalamiento, por supuesto.

Nuestro hiperpresidencialismo es hijo de ese concepto del “toma todo” del ganador, a la vez que nos hace olvidar que el Gobierno no es solo el Poder Ejecutivo. La oposición, discutiendo, aprobando y rechazando leyes, forma parte del Gobierno. Y la opinión de los dirigentes, su capacidad de articular y mediar las demandas sectoriales también incide en la marcha de las cosas de gobierno.

Una oposición no incluída, que no es escuchada, a la que se le hace ver que haber perdido una elección la condena al silencio, suele inclinarse al obstruccionismo y apelar al “vale todo” para debilitar al gobierno. Me parece que con distintos matices, ninguna fuerza política victoriosa está ni estuvo exenta de ese pecado.

No hay solución mágica, pero algunos creemos que esa tara cultural y esa limitación insitucional que nos llevan a plantear las cosas al grito de “aplastemos al perdedor; venguémonos del ganador” pueden atenuarse, sino revertirse, en un sistema político de características parlamentaristas que limita la omnipotencia del ganador, a la vez que exige responsabilidad argumental y sensatez a la oposición. Eso nos daría conciencia de que no hay que estar permanentemente en campaña, sino permanentemente gobernando.

miércoles, 14 de enero de 2009

Volver


Vengo a retomar, nuevamente, nuestro interrumpido diálogo entre quienes compartimos la vocación y pasión políticas, aunque la expresemos de distinto modo, y en distintos lugares.
Como iremos viendo, será el espacio para que otros, que también creen que la discusión e intercambio de ideas nos mejoran a todos, publiquen sus puntos de vista. Y lo bueno de los blogs, es que podemos hacerlo de primera mano, dejando en claro lo que el rumoreo y la simplificación de los medios suele oscurecer.
Como pasó con Mr.Sometimes, que guiado por comentarios periodísticos, me recrimina -en el post anterior- por ser candidato del oficialismo en las próximas elecciones, lo que es absolutamente falso. Pero el rumor existió y se publicó. El diálogo entre nosotros nos permitirá saber, realmente, lo que piensa cada uno sobre estos y otros temas, mucho más importantes para nuestra ciudad, nuestro país, y nuestro destino común.

sábado, 26 de julio de 2008

Cambiemos de conversación

Inesperadamente, el interés por la política ha retornado entre nosotros. Nada nos asegura, aún, que este interés masivo por la política sea algo más que una reacción espasmódica frente al conflicto por las retenciones a las exportaciones agrícolas. Y es muy probable que efectivamente lo sea, si el discurso y la acción políticas no superan los lugares comunes que hacen elevar el tono de los adjetivos pero no el volumen de las ideas.
Es hora de escuchar, entender y amplificar otras conversaciones; de tomar en serio la broma de Joyce: si no podemos cambiar la realidad, cambiemos de conversación. Mucho más ahora, que la realidad ha cambiado tanto.
Nuevos temas y formas de conversación alentadas por instituciones y dirigentes –no solamente políticos–, conscientes de que ya no vivimos en ese feroz siglo XX que necesitó, idolatró y derribó líderes políticos blindados, con talante y alma de guerreros.
Fueron tiempos de ideologías sólidas, asertivas y con respuestas para todo; de luchas para consolidar los Estados-nación; de seductoras utopías que diseñaban nuevos y buenos mundos que, sin embargo y tantas veces, terminaron en holocaustos, fascismos, perversos cultos a la personalidad, aventuras fraticidas y sofisticadas formas de aniquilamiento.
Bien mirado, no hay demasiado para añorar de las grandes certezas e ideologías del siglo XX, pero el mundo se movió en la dirección que le imprimieron esos liderazgos.
Más adelante, cuando empezaron a deshilacharse los grandes relatos emancipadores –y con ello la necesidad de líderes que todo lo sabían y todo lo podían–, apareció un tipo de líder político cuyas cualidades lo emparentaban, como lo describió el checo Milan Kundera, con un bailarín: moviéndose un poco a la derecha y otro poco a la izquierda, pero siempre políticamente correcto. Un verdadero progre. Delicado, indignado y ansioso por lograr el aplauso de las almas bellas y bien pensantes, que ni son bellas ni piensan bien, pero se sienten demasiado buenas para este mundo demasiado malo. Líderes cuyo anhelo consistía en ir de una punta a la otra del escenario sin dejar ninguna huella, pero muy atentos a que el reflector los iluminara todo el tiempo. Con una sonora denuncia, o una oportuna renuncia, siempre a flor de piel.
Ya se sabe lo que sucedió después: el porvenir que tarda demasiado, el fin de siglo con caída de certezas, pero sin final de la historia.
Siempre nos sedujo la idea de ser contemporáneos del comienzo de una nueva era; pero esta vez todo indica que lo somos: el desarrollo exponencial de la ciencia y la tecnología han extendido las fronteras y la circulación del conocimiento, generando nuevos hábitos, nuevos deseos y nuevas formas de intercambiar bienes materiales y simbólicos.
Son muchos –y serán más– los que organizan sus vidas, intentan sus disfrutes y hacen saber sus reclamos de manera distinta a la habitual. Ya no necesitan de líderes con armadura que les digan adónde y cómo ir, sino de otros, más curiosos y humildes, que averigüen, y a su vez iluminen, cómo es ese nuevo mundo que se está modelando en un lugar distinto al habitual.
Se está modelando más en la cabeza de los Google o YouTube boys, que en la del próximo presidente de los EE.UU., aun si, como muchos deseamos, ganara Obama, que parece encarnar este nuevo tipo de liderazgo; y, entre nosotros, se está modelando en los laboratorios de biotecnología que nos están permitiendo un salto en cantidad y calidad de nuestra producción agrícola-ganadera; en los talentos innovadores de los diseñadores y artistas porteños, que explican mejor que las ventajas del tipo de cambio el aluvión de turistas extranjeros que aún siguen visitando nuestra ciudad, a pesar de los vaivenes de la coyuntura.
El líder curioso, y a la vez inspirador, que puede hacer la diferencia entre una sociedad estática y otra que se desarrolla, acepta compartir protagonismo con las multitudes que inventan nuevas prácticas sociales; con los creadores y con las tribus urbanas, que exploran y se apropian de las virtudes del uso masivo de la interconectividad; con los productores del campo y los investigadores de la ciudad que impulsan y aprovechan los avances de la biotecnología, para mencionar sólo algunas de las cosas que están modelando la nueva época.
Edificar una nación desarrollada, justa y libre será siempre una tarea colosal. La acción política, tal como muchos la concebimos, debe seguir orientada a la creación y perfeccionamiento de los mecanismos de transferencia y distribución, a todo el pueblo, de lo nuevo que se piensa, se inventa y se produce para el uso y mejoramiento de la vida de las personas. Sucede que ahora, para lograr que la palabra política vuelva a ser la inspiradora de la fuerza social multitudinaria que lo haga posible, tiene que entender y representar lo nuevo que se está haciendo y deseando.
Los bienes que producimos, consumimos o anhelamos, y los valores simbólicos que nos organizan como sociedad son muy distintos a los que producimos, intercambiamos y por los que luchamos en todo el siglo XX. Y es por eso que sus categorías de análisis no nos convencen, no nos convienen, o ambas cosas a la vez.
Saber oír las nuevas voces, e interconectarlas, es una virtud política. Lo que nosotros llamamos desorden y caos, otros, y sobre todo los más jóvenes, lo viven como natural y lo dominan sin buscar sus referencias en donde nosotros las tomábamos. Prestemos oídos a esas voces del mañana. Cambiemos de conversación.

Artículo publicado hoy en la sección Ideas de Diario Perfil.

sábado, 21 de junio de 2008

Paremos a tiempo

Lo que sigue es el texto completo del artículo publicado hoy en el diario Perfil. Salvo las líneas iniciales, el texto original fue escrito hace varias semanas, antes aún de que estallara el conflicto por el aumento a las retenciones a las exportaciones agropecuarias. En estos tiempos de posiciones extremas, de gritos sin contenidos y confrontación exacerbada, creo que es oportuno revisar nuestras apatías, silencios, entusiasmos delirantes o fervorosas irresponsabilidades de nuestro pasado reciente. Sin intención moralizadora ni culposa, sino para encontrar pistas que nos ayuden a evitarnos una nueva caída a la que nos empuja una enraizada incapacidad nacional para resolver conflictos con el menor costo posible.

PARAR A TIEMPO
Tiempos nuevamente enrarecidos. Consignas altisonantes y propuestas de una frase para resolver problemas complejos. Un lenguaje cada vez más blindado circula no solamente entre la dirigencia política -adelantando climas electorales en los que solemos perder el decoro- sino en las conversaciones sociales o en el universo de los blogs. Se leen y escuchan demenciales expresiones de deseos que van casi desde el magnicidio hasta la necesidad de aniquilar a una supuesta antipatria, pasando por exabruptos tales como el inevitable derrumbe institucional o la agazapada conspiración golpista.
Como si viviésemos las vísperas de una guerra, aún latente pero fatal, son muchos los que creen que es imperativo decidir, y expresar, de qué lado se está.
Otros creemos, simplemente, que nos estamos volviendo locos.
La actual coyuntura internacional -el aumento exponencial de la demanda, y de los precios, de los alimentos, la energía y las materias primas- es generadora de crisis potenciales en todo el mundo. En algunos países, sus líderes –y no solamente sus dirigencias política- sabrán convertir esa crisis en una buena oportunidad. Que en nuestro país no convirtamos esta oportunidad en una crisis no es solamente cuestión de gobernantes, aun si al gobierno le cabe siempre una mayor responsabilidad.
Para ello, el único imperativo que tenemos es parar a tiempo, calmarnos, respirar hondo. Algo que, repasando nuestra historia, debemos reconocer que no siempre hemos sabido hacer.
Cierta pereza intelectual, o el simple rechazo colectivo a considerar cuánta responsabilidad individual tenemos en el estado de las cosas, puede llevarnos a pensar que los momentos más oscuros de nuestro pasado fueron producto, exclusivo y excluyente, del Espíritu de la Epoca.
Evitemos las miradas autocomplacientes y recordemos que ningún país está condenado ni al éxito, ni a la caída inexorable en los abismos a los que, cíclicamente, sabemos aventurarnos. Siempre es oportuno recordarlo; mucho más ahora, que sentimos que el aire comienza a ponerse un poco más espeso.
Sin duda hubo espíritu de la época en los agónicos años setentas, en los confusos ochentas, en los ilusos noventas…pero ninguna época nos pidió tanto. Los valores y creencias de cada época nos influyen, pero no nos obligan. Hubo muchos momentos, en nuestro pasado no tan lejano, en los que no reaccionamos con inteligencia, o al menos prudencia, frente a señales contundentes de descomposición. En lugar de ello creímos que se podía transar, acomodarnos lo mejor posible y esperar que un golpe de suerte o de astucia nos sacara, indemnes, de la locura.
Revistar nuestra historia reciente, sin melancolías ni culpas, pero asumiendo la parte de responsabilidad que nos toca a cada uno nos puede evitar la tentación, tan a la moda, de inventarnos un pasado heroico que no nos sirve de nada excepto para justificarnos, y, lo que es más importante, nos puede hacer reaccionar frente a síntomas del presente, en vez de compadecernos de nosotros mismos en el futuro.
La nuestra, como la de todos, es una historia de corsi e ricorsi, con momentos bastante luminosos y otros siniestramente oscuros, pero podríamos convenir que hasta los años sesentas cada generación de argentinos vivió en mejores condiciones económicas, sociales y culturales que las precedentes. Reparemos, entonces, en algunos episodios posteriores.
En los años setentas, con la guerra fría entre EEUU y la Unión Soviética de telón de fondo, todos queríamos arrancar de cuajo un orden social que sentíamos terriblemente injusto (aunque convengamos que, en nuestro país, no era tan injusto como, por ejemplo, en Nicaragua o Mozambique. Y lo sabíamos). Los principios del socialismo, presentados de diversas y, muchas veces, rústicas maneras, se colaban en todos los pensamientos y prácticas políticas de las multitudes movedizas y politizadas de la época.
Confrontábamos diferentes, o antagónicas, representaciones del mundo y creíamos en diferentes formas de organizarlo social, política y económicamente. En toda nuestra región, en el mismo Cono Sur, se cruzaron las conciencias y deseos de una generación justiciera y bienintencionada, aunque también aventurera e irresponsable, con poderes cívico-militares reaccionarios y crueles. Sin embargo, en ningún otro país un relato costumbrista sobre esos años pudo describir una escena como la final de No habrá más penas ni olvidos, de Osvaldo Soriano –dos enemigos ideológicos disparándose, uno al otro, al grito de Viva Perón-; locura que anunciaban otras infinitamente peores, la de los 30.000 desaparecidos o la perversión infinita del robo de bebés nacidos en cautiverio.
Comenzado los ochentas, aún muchos países de la región eran gobernados por militares que comenzaban a debilitarse frente a la ola democratizadora del incipiente Espíritu de la Época. Sin embargo, ninguno de esos gobiernos, tratando de aguantar un tiempito más en el poder, tramitó un reclamo justo como nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas declarándole la guerra a la OTAN, la alianza militar más poderosa de la historia de Occidente. Humillación, locura y muerte, cuando nadie lo esperaba ni nada lo exigía.
Esos ochentas, en términos económicos, fueron la década perdida y del crecimiento exponencial de las deudas externas de todos los países de la región, pero en la Argentina, a diferencia de nuestros vecinos, esa deuda superó el PBI.
Esos desequilibrios macroeconómicos fueron la causa de los descalabros de toda la región, aunque solamente en nuestro país se desataron no una, sino dos hiperinflaciones, del 2.000%, 3.000%, anualizadas.
El remedio criollo, sin demasiados antecedentes a escala planetaria, fue fijarle a nuestra moneda el mismo valor que el dólar, la unidad monetaria de la mayor potencia económica de la historia. Y como el remedio estabilizó al enfermo, decidimos extenderlo eternamente, más allá de los avatares financieros, comerciales y productivos de dos economías, la nuestra y la de EEUU., abismalmente distintas.
La maza tenaz del final de la guerra fría acababa de demoler el Muro de Berlín y lo que quedaban de los relatos emancipadores y socializantes. Comienza una etapa de liberalismo revisitado en todo el mundo, con particular énfasis en nuestro hemisferio, orientada por un texto canónico: el Consenso de Washington, en el que los países se comprometían, entre otros puntos, a modernizar sus estructuras estatales, en general deficientes, reduciendo la participación del Estado en la economía para dar mayor lugar a la iniciativa privada y a las inversiones extranjeras. Sin embargo, en ningún otro país se privatizaron y transnacionalizaron todos los servicios públicos, ni se eliminaron otros imprescindibles como los trenes, o se enajenaron los recursos naturales estratégicos como el petróleo y el agua como sí lo hicimos nosotros.
Hacia comienzos del milenio, cuando un café en Buenos Aires ya costaba el doble en dólares que en Nueva York, la ilusión terminó, y la medicina fue confiscar los depósitos bancarios, por segunda vez en una década. Quiebras, crecimiento geométrico de la pobreza y una crisis institucional, política y social que dejó marcas aún visibles.
Pocos años después de la hecatombe, políticas locales acertadas y un escenario internacional favorable mediante, nuestro país, nuevamente, comenzó una etapa de recuperación económica que acompaña, y a veces supera, a la de toda la región. Esta recuperación coincide con el comienzo de una nueva era a escala planetaria, sobre la cual solamente tenemos algunas pistas y pocas certezas. Una de esas pistas, en el nivel de las nuevas realidades materiales, es la formidable modificación de los términos de intercambio comercial producto del aumento geométrico de la demanda de alimentos. La humanidad entera seguirá durante mucho tiempo atravesada por esta nueva realidad demandante de alimentos y energía, como pocas veces hemos visto, y en la que la Argentina tiene mucho por decir y hacer. Cada país, cada sociedad lo procesará de distinto modo, sin dudas. El nuevo espíritu de la época, el que se está gestando, estará teñido también del color de esta disputa.
La época nos mete de lleno en esa problemática, pero su espíritu, como siempre, no nos obliga ni a la racionalidad ni a la locura. Deberíamos encontrar las maneras de tramitar el actual y los futuros e inevitables conflictos que toda sociedad tiene, prefiriendo inclusive sentarnos en la silla del ingenuo que cree que los otros también persiguen el bien común, en vez de tentarnos, como otras veces, en épicas de tiro corto, que mañana nos harán repetir como pavotes que la enésima caída libre de la Argentina fue culpa de la crisis mundial de alimentos.
Detenernos a tiempo no es solamente responsabilidad de los que hoy se hacen ver en la pelea.

martes, 13 de mayo de 2008

Como decíamos ayer

Acá estoy, nuevamente, retomando un diálogo interrumpido, a la espera de que ustedes también lo hagan.
Al dejar el gobierno, imaginé que cinco meses después estaríamos en una situación distinta a la que hoy vivimos: sin la crispación habitual de los años electorales a nivel nacional, y con el dinamismo que suele tener toda nueva administración a nivel local. Nos imaginaba, a todos, menos enojados y más entretenidos.
Me temo que si seguimos avanzando en esta espiral de crispación, la palabra sensata y la actitud moderada parecerán veleidades extravagantes. Los climas exasperados nos han conducido -demasiadas veces como para olvidarlo-, a la falacia binaria, a creer que la sociedad se divide en dos bandos y que es imprescindible estar en uno u otro, a sostener que todo está condenadamente mal o todo es revolucionariamente bueno y a abandonar la inteligencia de tener opiniones, ideas o reflexiones –muchas y diversas-sobre la vasta realidad.
Por esto mismo, y para recordarme y recordarnos que nuestro futuro no se juega, afortunadísimamente, en la opción Luis D’Elía/Cecilia Pando, elijo recomenzar este diálogo con ustedes evocando un episodio supuestamente menor: la invitación que me hizo Macri para reinaugurar, juntos, el Puente La Noria, obra licitada y comenzada durante nuestra gestión.
Francamente, no me interesa averiguar las verdaderas motivaciones de esa invitación. Las intenciones ocultas o las razones personales no cuentan a la hora de analizar una acción política ni a quién la lleva a cabo. Si es correcta, poco importa si lo hizo despojado de todo interés personal o para mejorar su imagen. Saber si el gobernante hace las cosas bien porque entiende que es su obligación, o porque le gusta que lo quieran, es absolutamente irrelevante.
Macri, en medio de este clima enrarecido que vivimos, creyó oportuno invitarme a inaugurar el puente y comentar que se había construido durante nuestra gestión. Actitud Buenos Aires, habríamos dicho en nuestro gobierno; como también lo fue el aceptar el convite. Nada más, y nada menos, que un hecho civilizado.
Mis diferencias con Macri, las críticas que me merecen su gestión y sus opiniones no han cambiado por ese hecho. Las iré comentando aquí y en otros espacios de opinión y construcción política que se vayan presentando.
Civilizado fue el hecho de invitarme, y civilizado también es que eso no me impide opinar que su gestión, hasta ahora, me parezca opaca.
Opaca y, en varios aspectos, ineficaz; como en el descuidado espacio público, cuyo deterioro verificamos día a día en parques, plazas y paseos. Más que rasgarse las vestiduras por las conductas desaprensivas de cierta gente, el actual gobierno debería invertir en el mantenimiento de esos lugares y en campañas de promoción de valores comunitarios y actitudes individuales, como con las que nosotros machacábamos casi hasta el hartazgo.
Estar con Macri en el acto de Puente La Noria no me impide señalar que sus mismos electores perciben que la ciudad está cada vez más sucia porque, entre otras cosas, no se avanzó en el programa de contenedores de basura que comenzamos nosotros y que demostró una gran eficacia.
Cortar la cinta de inauguración de una obra que nosotros comenzamos y ellos continuaron no me impide señalar la caída significativa de la actividad cultural en la ciudad, el abandono del interés de Estado en las industrias culturales o el cuidado del Patrimonio Histórico, motor al mismo tiempo del dinamismo social y el crecimiento económico de la Ciudad.
Mi presencia en el acto del jueves pasado no cambia mi opinión sobre lo poco y nada que se ha hecho en estos cinco meses en términos de infraestructura escolar a pesar de contar con los recursos económicos y jurídicos necesarios, de igual forma que no se ha avanzado en ampliación de los horarios de atención hospitalaria que nosotros comenzamos, luego de 20 años de que no se hiciera nada en la materia.
Son muchas las ideas y valores, contenidas en sus acciones de gobierno, que me separan de Macri. Darlas a conocer son parte de las obligaciones que tiene quién, como yo, ha decidido tener una palabra pública y política. Pero siempre, y mucho más en tiempos exasperados como éstos, preferiré hacerlo sin esa pose de falsa y gritona indignación que afecta algún opositor, tan mediocre hoy, en su rol de eterno fiscal, como ayer, cuando le tocó gobernar.
Me detengo aquí para leer sus comentarios y poder continuar, ahora sí, con este diálogo interrumpido.

viernes, 7 de marzo de 2008

Consecuencias de la mezquindad política

Ya pasaron dos meses desde mi última aparición por aquí.
Me había propuesto, porque creo que es lo correcto, dejar pasar un tiempo prudencial antes de volver a emitir mis opiniones políticas sobre la ciudad.
Se están cumpliendo tres meses desde que dejé el gobierno, y ahora sí creo que corresponde hacer públicas, y discutir con ustedes, mis posiciones sobre lo que está sucediendo en la ciudad en general, no solamente sobre las políticas del nuevo gobierno.
Habrá cosas para proponer, para criticar y también, seguramente, para apoyar; porque en relación esto último, a la habitual y necia obstinación de rechazar todo lo que hace o dice tu adversario político, es a lo que se refiere este artículo.
Celebro absolutamente la iniciativa del gobierno porteño de presentar un plan de seguridad basado en la creación de un cuerpo de policía propio. Estoy de acuerdo, asimismo, con la mayoría de los puntos del borrador que está circulando acerca de las características que debería tener la Policía Porteña.
Pero me apena que por mezquindad política hayan rechazado este plan cuando mi gobierno lo presentó hace exactamente un año. Un año, en el cual la organización de la fuerza y la creación del instituto policial podrían haber comenzado a dar sus primeros pasos.
Exactamente el 30 de marzo de 2007, en un acto realizado en el Teatro San Martín, anuncié el llamado a la Consulta Popular para la creación de una policía propia. Una policía comunal con las mismas características que, según los borradores mencionados, tendrá ahora la fuerza policial que propone el PRO.
Ya lo decíamos en su momento, estábamos trabajando en la adaptación a nuestras particularidades, experiencias exitosas como la de la ciudad de Madrid, con la que incluso ya habíamos firmado acuerdos de cooperación.
De todas maneras, bienvenida la iniciativa, en la medida en que realmente se haga cierta, con formación de los efectivos en institutos propios, con interacción con la UBA para la enseñanza de materias no específicamente policiales, y otra serie de características que será bueno discutir, criticar o apoyar por más que la haga el adversario político.
Hoy se pone en evidencia que efectivamente había que crear una fuerza local, tal como lo reclamábamos. Sabemos que sabían que era lo que había que hacer, pero hay que tener agallas para apoyar una idea ajena.
Se perdió más de un año; los porteños lo perdimos. Ahora hay que hacerlo.

Pasen y vean:
http://www.buenosaires.gov.ar/areas/gobierno/noticias/?modulo=ver&item_id=18256&contenido_id=18315&idioma=es

viernes, 28 de diciembre de 2007

Comienza una etapa nueva

Hace 20 días que comenzó otra etapa. Sin melancolía, con proyectos que iré contándoles, con muchos buenos recuerdos y sensaciones que aún persisten.
Dejé el Gobierno de la Ciudad con la certeza de haberme entregado a la tarea desde el primero hasta el último día. Sé que quedaron muchas cosas por hacer. Cada uno de ustedes podría hacer una lista diferente. Pero espero que también tengan, como yo, otra lista con las cosas hechas que me hicieron sentir bien porque, creo, le han hecho sentir bien a tantísima gente.
Gobierno bastante corto, de 14 meses hasta la elección del 3 de junio; transición bastante larga, de 6 meses hasta el 10 de diciembre.
Estos 20 meses de gobierno tuvieron tres etapas marcadamente distintas. En los primeros meses hubo que ponerse a trabajar sobre dos agendas simultáneas: calmar las aguas, sociales, institucionales y políticas, encrespadas por el juicio político y destitución de Ibarra, pero sobretodo, por la llaga dolorosa de las terribles muertes de los chicos en Cromagnon. Recuerdo la primera frase de mi discurso de asunción: “No ha sido el curso de honores, sino la consecuencia del dolor, las que me han traído hasta este cargo. Este Gobierno nace de las cenizas de Cromagnon”. Tenía, a la vez, que poner en marcha una gestión de gobierno que, además, estaba absolutamente aletargada y sin rumbo.
Rehacer diálogos con los otros poderes, con los padres de los chicos de Cromagnon, con los actores sociales y económicos más importantes de la Ciudad. Al mismo tiempo, para darle vigor y legitimidad a un gobierno que muchos se preguntaban si iba a ser capaz de mantenerse en pie, teníamos que mostrar otro ritmo de gestión, dar a conocer nuestra visión de ciudad, redefinir prioridades y mostrarlas con obras y acciones.
Definimos la equidad social, la recuperación del espacio público y la exaltación de la vida cultural colectiva como los ejes centrales del quehacer de los siguientes meses. En esas definiciones están contenidos nuestros valores y la identidad de un pensamiento que no son, claramente, los lugares comunes, las frases hechas de las que es incapaz de salirse cierto progresismo autoproclamado, que no entiende ni se pregunta por el sentido de la vida, individual y comunitaria. Y que cuando le toca gobernar lo hace mal.
Esas definiciones organizaron nuestra tarea y cruzaron la mayoría de las acciones que emprendimos: desde el programa Ciudadanía Porteña –casi 80.000 familias, las más pobres de la ciudad que, sin intermediarios ni punteros, hoy pueden adquirir en cualquier supermercado su alimentación básica-; pasando por el exhaustivo mejoramiento de los lugares públicos -muy visible, espero, en relación con parques, paseos y plazas y, menos visible por lo mucho que aún falta, en hospitales y escuelas; hasta la explosión de una actividad cultural amplia, agitada y diversa y siempre convocante; a veces de multitudes, otras para las distintas tribus.
Goberné con alegría y pasión. Aún y a pesar de las múltiples demandas que no podíamos satisfacer, porque eso es gobernar, poner prioridades y elegir, las más de las veces, entre dos opciones que no te gustan del todo: No hacer esto para poder hacer lo otro. Está claro que para elegir entre una buena y una mala no hace falta un buen gobernante.
Con alegría y pasión a pesar, también, de las cretinadas: pero eso va de suyo, en esta arena abundan y uno lo sabe antes y durante.
Las mayores y más insoportables se concentraron alrededor de la campaña, sin duda. Ya hablé y escribí sobre ellas y no quiero volver sobre el asunto, porque detesto los discursos autocompasivos. Además, no solamente gobernar, sino dedicarse a la actividad política, siempre y en cualquier lugar, como dicen los franceses, requiere arrojar tu honra a los perros. Hay épocas de más, y de menos, perros rabiosos; o de vacunas –instituciones, en este caso- más, y menos, eficaces, nobles y honestas. Pero quejarse de la época es como quejarse del mar cuando se embravece o de las nubes cuando llueve.
Luego de 14 meses, campaña incluida, llegaron las elecciones y, con ellas, la decepción y la pena. ¿Cuánto hubo de errores propios, cuánto de no poder neutralizar la campaña sucia de denuncias y caos promovido, cuánto de haberle dejado el campo libre a Macri? En esto también cada uno tiene su lista. En mi lista de errores figura, lo confieso, la campaña publicitaria que, aunque colorida y alegre, fue liviana, narcisista y bastante frívola. No contó ni siquiera lo que habíamos hecho ni hacia donde queríamos ir, sino que se entretuvo de manera chistosa en mí....pelada¡¡¡¡¡Recuérdenme de no convocar nunca más a publicistas apolíticos para hacer una campaña!!! Son de terror y solo se dan gustos personales.
Pero hay lugares, y momentos, donde no te está permitida la pena ni lamerte las heridas. Se gobierna para los demás, y con todo mi equipo de gobierno, salvo muy pocas excepciones, nos pusimos el objetivo que no pocos dudaban en que lo íbamos a lograr: gobernar hasta el 10 de diciembre. Seguir haciendo obras, plazas, escuelas, festivales, mejorar mecanismos de control, equipar quirófanos y todas las cosas que están escritas debajo de este artículo que fueron relatando nuestras acciones de estos meses. Créanme que el 10 de diciembre fue más la satisfacción de haber llegado bien al final de mandato, que la pena por dejar el gobierno.
En todo caso, esa pena ya había archivada poco después de la noche del 3 de junio, cuando empezamos a brindar por la vuelta.
En un par de días sigo.

jueves, 25 de octubre de 2007

Casa del Escritor

Queda en Lavalleja al 900, barrio de Villa Crespo, zona de influencias insidiosas, harto peligrosas: Vacarezza y sus sainetes, Marechal y sus excesos "populistas", los tangos de Celedonio Flores y Cadícamo, César Tiempo, Juan Gelman. El lugar, que era un viejo depósito de pinturas, quedó hecho por supuesto una pinturita: 450 metros cuadrados con sus respectivas salas de exposiciones, de conferencias, un patio para lecturas de verano, una sala multimedia que ya aloja archivos digitalizados de escritores, libros y revistas, videoteca y mesas de computación.
Me estoy refiriendo a la nueva Casa del Escritor que acabamos de abrir nada menos que con la presentación de un nuevo libro del querido Noé Jitrik, El ojo de la aguja. Filosofemas. Una Casa del Escritor que será el nuevo espacio de la Ciudad exclusivamente dedicado a convertirse en lugar de encuentro de los escritores de Buenos Aires, del país, del Mercosur. Un espacio muy hermoso que ya mismo se irá poblando, como se dijo en la inauguración, con el alma, el talento, las ganas, el potencial de nuestros creadores y nuestra gente.
Está claro que, en primera instancia, la Casa del Escritor será un espacio dedicado a la literatura en todas sus fornas expresivas. Pero además, como en todas y cada una de las iniciativas que venimos desplegando a través de nuestras políticas culturales, será un punto de articulación de los programas de estímulo a las industrias editoriales, un lugar de diálogo y de encuentro entre escritores y público, entre actores del sector, de lanzamiento de nuevas acciones, un escenario adecuado para la realización de foros, congresos, seminarios, clínicas o concursos. Será un sitio privilegiado para el impulso de los sellos editoriales independientes, cooperativos o universitarios dedicados al rescate y la preservación de la cultura literaria de la Ciudad. Igualmente, un apoyo para ayudar a revertir inequidades en labilidad de proyección los mismos sellos o de los autores de la Ciudad, de las provincias o del Mercosur.
Habrá que repetirlo: no entendemos la cultura ni como exclusiva expresión de las bellas artes ni como mero producto de lo que haga el mercado en un tiempo determinado. La entendemos como espacio dinámico y como motor, como la capacidad constructiva y transformadora que tiene la propia sociedad, como lugar de diálogo y crecimiento. Buenos Aires ya tiene otro espacio nuevo para la generación de ideas y para el encuentro: la Casa del Escritor.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Políticas culturales

Qué emoción sentí cuando vi el baño de Robert Plate! Sin duda es una obra que me marcó en mi juventud…Para quienes no saben de qué estoy hablando, les cuento que en Expotrastiendas 2007 se encuentra la reconstrucción del mítico baño instalado en el Instituto Di Tella, ese que se llenó de graffitis contra la dictadura de Onganía y culminó provocando la clausura del lugar.
Si bien es un emprendimiento privado, Expotrastiendas es otra muestra más del creciente interés que los porteños vienen manifestando los últimos años por los movimientos artísticos y culturales en general.
Lo sabíamos cuando planificamos Verano 07 y Estudio Abierto, lo vimos en el interés despertado por el Bafim y el Festival de Teatro y fue más que evidente hace apenas unos días con la asistencia récord de más de 400 mil personas registrada en la Noche de los Museos.
Estoy convencido de que las ciudades y las naciones que van a prevalecer son aquellas en las cuales sus gobiernos hayan sabido mirar con inteligencia eso que pasa en los talleres, en los garajes, donde por ejemplo dos chicos descubren una nueva forma de comunicarnos, como ocurrió con Google o You Tube, por nombrar apenas algunos ejemplos.
Ver diseñadores argentinos que se conectan con el mercado asiático y difunden su arte por el mundo genera, por un lado, nuestro orgullo y regocijo, y por otro, el fortalecimiento de nuestra identidad y proyección internacional.
Una sociedad justa, armónica e inclusiva, a la que ojalá arribemos mucho más temprano que tarde, llegará cuando las políticas públicas estén enfocadas en detectar a esas mujeres y esos hombres que pueden encender esa creación, como lo estamos haciendo desde la Ciudad de Buenos Aires.
Nuestras políticas de Estado deben ser capaces de divisar aquello que se está haciendo y que vale la pena impulsar y desplegar, porque sin duda el tipo de sociedad que tendremos dependerá del espacio que les brindemos a los jóvenes creadores e innovadores.
En el caso de Expotrastiendas 2007, el Gobierno porteño tiene 3 stands desde los cuales presenta "Espacios emergentes", un lugar que apuesta a dar visibilidad a artistas jóvenes que de otra manera no estarían en la feria.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Jornadas de Capacitación Ambiental

Ayer inauguramos las segundas Jornadas de Capacitación Ambiental Metropolitanas, organizadas por la Sindicatura General porteña, la Asociación Argentina de Derecho Administrativo (Departamento de Derecho Ambiental) y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).El lema de las jornadas es: “Nuevos desafíos de gestión y políticas públicas en materia ambiental. Seguimos construyendo el cambio en el rol de los organismos públicos, privados, la justicia, la sociedad civil y el sector empresario”. Con esta propuesta buscamos generar un espacio de capacitación y discusión, a fin de trabajar sobre temas que por su alta conflictividad generan dudas al momento de definir políticas estaduales.
Lamentablemente, los temas ambientales importan menos de lo que deberían interesar. En las políticas públicas aparecen como un tema relevante recién en los últimos años. Hubo, en el pasado, una discusión errónea y nociva que anteponía un supuesto desarrollo a las necesidades del medio ambiente, como si fueran incompatibles. El mundo ha demostrado que el único desarrollo sustentable sí o sí tiene que tener en cuenta al cuidado del medio ambiente. Tenemos que tener políticas comunes. Porque el aire, las aguas y los suelos no respetan geografía, y cuando uno contamina una napa, está envenenando a una familia de este lado y de aquel lado.
Las jornadas están orientadas a funcionarios y empleados de los organismos de control y del Poder Judicial, abogados, ONGs ambientalistas, estudiantes de Abogacía, Ciencias del Ambiente y Ciencias Sociales y miembros de la AADA. Algunas de las temáticas son: “Gestión y políticas públicas ambientales”; “La ingeniería ambiental al servicio de la gestión pública”; “Las variables de los conflictos ambientales”; “Grupos sociales vulnerables”.
Las actividades se desarrollarán el 20 y 27 de septiembre en la Facultad de Derecho de la UBA, Figueroa Alcorta 2263.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Lo hicimos entre todos

Buenos Aires no para. Venimos del fervor tanguero bailado en múltiples escenarios de la Ciudad, de la Feria de la Música, de un nuevo Encuentro de Pensamiento Urbano. Buenos Aires no para de ofrecer, de atraer, de inventar, de crear, de generar cultura para todos pero también desde todos. Ahora vuelve el Festival Internacional de Teatro, edición número seis y en inmejorable estado de salud, justo cuando cumple sus primeros diez años de vida. Otro festival más de la Ciudad, otro clásico, que se fue robusteciendo y mejorando con el tiempo, como los buenos vinos. Otro festival que maduró. Como tantos de los programas y políticas culturales a los que apostamos y con los que venimos persistiendo desde siempre. Aun cuando desde ciertos grises modos de entender la política apenas si se dedique palabra a la cultura. Silencio de radio.
Silencio más que relativo porque quizá en ciertos momentos y en ciertos lugares se hable muy poco de políticas culturales. Pero se registran en la gente, en términos de disfrute, de alegría, de fiesta callejera, de goce estético, de encuentro, de diálogo, de integración. En los últimos años, las ediciones del Festival de Teatro convocaron a más de 100.000 espectadores.
Nos gusta esta ciudad movilizada, fervorosa y vital. Aún en sus excesos psicoanalíticos y actorales, en su incontenible necesidad expresiva, nos encanta esta Buenos Aires de teatros y teatristas floreciendo en todas partes. Por eso el crecimiento del Festival. Por eso llevamos a la pantalla de Ciudad Abierta un ciclo tan sustancioso como el de Estudio Teatro, en el que participaron artistas como Rubén Szuchmacher, Daniel Veronese, Agustín Alezzo, Ricardo Bartis.
Por eso este año Buenos Aires recibirá al mítico Théátre du Soleil. Por eso la Ciudad disfrutará de elencos y obras venidas de Alemania, Brasil, Francia, Holanda, Italia, Japón, México, Polonia.
Buenos Aires no para de crear, de ofrecer, de inventar. No estuvo nada mal pensar, diseñar y ejecutar el proyecto cultural que sostuvimos en todos estos años. No estuvo mal haberlo hecho entre todos. Ojalá esta Buenos Aires que se va pareciendo a nuestros sueños no pare nunca.

sábado, 28 de julio de 2007

Comentarios recurrentes


He notado que hay algunos temas que son recurrentes en los comentarios que me dejan a diario quienes visitan el blog. De ellos, hay tres a los cuales quiero referirme en esta oportunidad: la transición, los artesanos y los que votaron a otro candidato y hoy piensan distinto.

1) Transición: del lado de los denunciadores profesionales ya escuché hablar muchas veces sobre los supuestos pactos con el Pro, sobre el trabajo sucio que estaría realizando mi gobierno para allanarle el camino a Macri, entre otras ocurrencias que son fruto de la pequeña y pendenciera imaginación de cierta gente como ....en fin, de gente menor. ¿Se le ocurrirá a esa gente tener alguna vez alguna idea propia, atractiva, propositiva, en vez de inventar historias para denunciarlas después? Todo indica que, lamentablemente, van a seguir así. Fiscales de la nada.
De todas maneras, esas griterío es absolutamente inconsistente y la realidad lo está mostrando: no habrá despidos masivos ni ninguno de esos delirios que han calificado bajo la denominación de “trabajo sucio”. Estamos llevando a cabo un proceso institucional ejemplar, como lo es la transición que estamos encarando.
Estamos haciendo un trabajo que fortalecerá el valor de las instituciones y los principios republicanos. Cuando hay autoridades electas y autoridades en ejercicio se impone la necesidad de diálogo. No significa eso que, por emprender de manera responsable el traspaso de mando con quien me sucederá, existan detrás acuerdos de segundas y turbias intenciones o un cogobierno.

2) Artesanos:
he visto también algunos comentarios preocupados sobre el permiso de trabajo para los artesanos. El ordenamiento del espacio público no es algo nuevo, sino un trabajo del cual me he ocupado siempre. Pero reside aquí un malentendido: ordenarlos no es expulsarlos, sino proponerles un plan alternativo que les permita realizar sus tareas con mayor tranquilidad. Que trabajen en un lugar permitido y que no se mezclen las maravillosas tareas de los artesanos con la de revendedores de baratijas o mercaderías falsificadas, que todos sabemos de qué se trata. No solamente no se me ocurriría “barrer de las calles a los artesanos”, como escuché decir por ahí, sino que estos meses que quedan voy a inaugurar 2 o 3 lugares nuevos para que puedan hacer sus tareas lo mejor posible. Entre ellos, un mercado recuperado en la calle Bonpland, en el corazón del circuito turístico de Palermo.

3) A los que hoy votarían distinto: quiero agradecer los numerosos comentarios que me llegan de todos aquellos que, habiendo votado por otro candidato, me hacen saber que hoy votarían por mí. Son lisonjas que agradezco, como la expresada por Roma V.
Me halaga enormemente saberlo, aunque me produce cierta melancolía. Espero que en la próxima elección pueda persuadirlos antes de entrar al cuarto oscuro y, si no.....¡Avísenme con más tiempo!!!!

domingo, 1 de julio de 2007

El sentido de mi reunión con Macri

Suena a lugar común, pero no lo es: el período hasta la transferencia del gobierno el próximo 10 de diciembre es una oportunidad para fortalecer los mecanismos republicanos y democráticos no solamente en la Ciudad de Buenos Aires.

Lamentablemente no es un lugar común, puesto que no hace falta esforzarse mucho para recordar que no han sido pocas sino demasiadas las veces en que las transiciones, luego de las elecciones hasta la entrega del gobierno, fueron atravesadas por la inestabilidad, el desorden, el apuro por asumir de los vencedores o las piedras en el camino que dejaban los que se iban.

Es la carencia de las buenas costumbres cívicas, pero también la falta de inteligencia y sensatez, la que nos hace sentir asombro y admiración frente a un hecho habitual en tantos otros países: los gobernantes salientes conversan, intercambian opiniones, en fin, tienen una relación cordial y constructiva con quienes los reemplazarán democráticamente en sus despachos.

En nuestro país, en nuestra ciudad, esta civilidad es imperiosa no solamente para fortalecer valores e instituciones republicanos, sino para compensar la falta de profesionalidad del Estado, que requiere siempre un período demasiado extenso desde que las nuevas autoridades asumen hasta que obtienen conocimiento profundo y cabal de la situación real sobre la que tienen que gobernar.

Estamos dispuestos a dar ese ejemplo que deseo que en poco tiempo sea un hábito. Compartir información, canales de comunicación con actores de la sociedad civil que se han involucrado en muchos de los programas de gobierno, elaboración del presupuesto del próximo año y decisiones sobre inversiones que puedan impactar en los años sucesivos.

Nuestra primera reunión, la del último jueves, me ha dejado una impresión más que positiva que creo, y anhelo, es compartida por las autoridades electas y su más estrecho equipo de colaboradores. Hemos reafirmado, ya no solamente con declaraciones, ese espíritu de colaboración. Hemos creado y firmado un protocolo que nos guiará en estos cinco meses hasta la transferencia de poder, con acciones que iremos haciendo públicas periódicamente.

No olvidamos que el PRO y nosotros fuimos y somos dos fuerzas políticas con apreciaciones e ideas, en muchos aspectos, muy diferentes acerca de cómo mejorar, desarrollar, hacer más segura y más bella nuestra querida Ciudad, pero no nos percibimos como ejércitos enemigos que deban destruirse uno al otro. Esta última y perversa lógica, a quien termina destruyendo es a la comunidad en su conjunto, como lamentablemente tantas veces hemos visto y padecido.

También reafirmamos lo obvio: el traspaso se hará el 10 de diciembre. ¿Por qué, si lo dice la ley, los gobernantes en funciones y electos tenemos que reafirmarlo? Porque escuchamos y vemos que aun campea la insensatez entre algunos otros. Decir que el plazo es largo, que habrá inconvenientes, que es mejor torcer la ley no suena a preocupación genuina frente a eventuales problemas, sino a agorera amenaza de crearlos. Hay quienes no aprenden, y aun después de haber sido derrotados buscan desesperadamente una nueva victoria pírrica. Que en este caso sería, como en el pasado, un nuevo daño a la sociedad y no sólo a quienes veríamos frustrada nuestra voluntad de cumplir con ella y con la Constitución, garantizando un traspaso ordenado y ajustado a la ley.

Cuando Mauricio Macri, Gabriela Michetti, mis colaboradores y yo nos comprometemos en este camino, y reafirmamos que lo haremos con respeto y voluntad de cooperación, no disolvemos nuestras identidades personales ni políticas, al contrario. Porque somos diferentes, nos comprometemos en hacer lo mismo. Porque escuchamos y vemos, lamentablemente, que hay quienes siembran dudas –para crearlas, por supuesto– acerca de esta transición, es que redoblaremos el esfuerzo para devolverle a la ciudadanía un poco de la confianza y esperanza acerca de la política y de sus dirigentes. Si éste y no otro es nuestro comportamiento, el 10 de diciembre será un momento en el que todos tendremos mucho para festejar: las nuevas autoridades comenzarán lo que será quizás uno de los períodos más honorables e importantes de sus vidas, como lo es gobernar la Ciudad de Buenos Aires. Para mí, y mis colaboradores, será la oportunidad de una rendición de cuentas que muestre que durante este año y medio que pasó desde que asumí como jefe de Gobierno, hemos puesto lo mejor de cada uno de nosotros, pensando en el bien común. Y las porteñas y porteños habrán reencontrado la tranquilidad de saber que hay mujeres y hombres que disputan las elecciones con pasión pero sin rencor. Hay muchas sociedades en las que las ciudadanas y ciudadanos saben que sus dirigentes políticos pelean denodadamente por el poder, porque así es la condición humana, pero se van a dormir tranquilos porque también saben que esos dirigentes están lo suficientemente cuerdos, y que sus disputas tendrán siempre el límite de dejar a salvo el interés general. Ojalá en poco tiempo seamos una de ellas.

*Artículo que escribí para el diario Perfil.

sábado, 30 de junio de 2007

Campaña sucia y la política como proyecto personal

Si bien los análisis contra fácticos pertenecen al terreno de las conjeturas académicas, varios comentarios periodísticos y políticos de estos días señalan que si el gobierno nacional me hubiese apoyado a mi se le hubiera podido ganar a Mauricio Macri. Por lo que he leído y escuchado, aún dentro del propio gobierno nacional hubo quienes abonaron a esa teoría, críticos asimismo de su propio gobierno por su desempeño durante la campaña.

Un poco de historia: Es cierto que durante un tiempo busqué la posibilidad de tener algún nivel de acuerdo con el kirchnerismo. Pero no con el objetivo de juntar fuerzas en contra de alguien, sino porque estoy absolutamente convencido de que la política requiere de alianzas y acuerdos que hagan más potente la acción de gobierno. Busqué tener ese respaldo, pero en un espacio de coincidencias y autonomía. Nunca acepté la idea de ser un mero delegado o una relación de sumisión. Nosotros creamos un espacio con ideas e identidad propias y desde allí quería el apoyo, sin disolvernos en otro.
No estoy diciendo nada nuevo: las mayores democracias del mundo son aquellas que presentan coaliciones políticas unidas a través de acuerdos y no fragmentadas en múltiples propuestas.
Pero deben ser eso: alianzas, acuerdos, coaliciones, sin sometimientos de todos a uno.
Siempre fue mi vocación y convicción la construcción de un espacio político y una fuerza autónoma e independiente en la ciudad de Buenos Aires, en la cual no tenemos inconvenientes en reconocer las políticas del gobierno nacional con las que estamos de acuerdo, pero también expresamos con la misma claridad nuestras diferencias respecto de lo que no nos gusta.

Sin embargo, a medida que se acercaron las elecciones se hizo visible para todos algo que sabíamos algunos: que el objetivo esencial del sector porteño del kirchnerismo (sino de todo, al menos del que representa Alberto Fernández) era conseguir que yo no ganara. Ante la evidencia de que no solamente no sería posible ningún nivel de acuerdo sino que comenzaba a manifestarse –con acciones y declaraciones- una durísima campaña en contra de nosotros, busqué otros acuerdos que permitieran, por un lado, ampliar nuestra base de sustentación y, por otro, contar con la base parlamentaria elemental para respaldar nuestro actual y, en ese momento eventual, próximo gobierno.
Tan claro y evidente fue el objetivo del sector que representa Alberto Fernández, que en la noche del 3 de junio celebraron el resultado de su combate contra mí y el sector que me acompaña, aun cuando era bastante evidente la derrota que les esperaba el 24 de junio, en la segunda vuelta.
Las semanas previas a la primera vuelta, se generaron unos niveles de ataque, tensiones, conflictos, denuncias, crispación y caos en la ciudad, promovidos desde ese espacio, de manera clara y abierta. Las consecuencias fueron las crecientes dudas de la ciudadanía acerca de la capacidad que yo tendría para gobernar bien en ese contexto. Se creó la idea que a mi no me sería sencillo gestionar y, en consecuencia, provocaron que un importantísimo sector de los votantes, indecisos o no, cansados de esa situación, se volcaran hacia Macri. Esto último, sin dejar de reconocer la gran cantidad de votantes que eligieron a Macri en la primera vuelta por adhesión a él, sin otra consideración que la de creer que hará un buen gobierno.
Decidí, en esos momentos, no hablar con la crudeza y claridad que muchos me sugirieron, porque consideraba que eso no haría sino echar más leña a la hoguera de un conflicto creado para perjudicarme.

¿Cuánto influyó en todo ese proceso la pésima relación política que tengo con Alberto Fernández, no de ahora sino desde hace años? Seguro que mucho; reforzado, sin dudas, por la beligerancia que hace bastante tiempo también tiene Aníbal Ibarra hacia mí. Ustedes se preguntarán si tanto influyen las cuestiones personales en la toma de decisiones políticas. No debiera ser así, pero en una situación como la que vivimos, sin fuerzas políticas organizadas, con conducciones individuales y cerradas que conceden y retiran poder a su antojo, sin discusiones de cuadros, con todas las limitaciones que sabemos….sí, lamentablemente es así. De cambiar eso también se trata la acción política. De impedir que siga constituyéndose únicamente como un proyecto personal o de pequeño grupo. Hoy, las estructuras políticas son inexistentes y las decisiones que se imponen finalmente son aquellas que se toman a título personal. Odios personales e irracionales como los que describo dominan una agenda en la que poco o ningún lugar queda para las discusiones relevantes.

Predominó la perversa idea de que “ya que no podemos ganar, que prime nuestro odio antes que el interés por la ciudad”. Era evidente que preferían dar por perdida la elección antes que ganemos nosotros. Contra toda esa estrategia individual, sin ideología sino recelos y resentimientos personales, de la noche a la mañana ese sector intentó constituir una falsa opción para la segunda vuelta como si se tratara de una confrontación contra la DERECHA. Francamente, esa apelación me parece de una inconsistencia indefendible.
Ese telón de fondo, fue el que determinó, aunque no de manera excluyente, mi prescindencia en la segunda vuelta.
Lo que nosotros estamos construyendo en Buenos Aires no es una alternativa que no se plantea como tema central la referencia a otros. No nos unen espantos, ni creemos que definirse a favor o en contra de otro es suficiente.
Para nosotros, el mundo no se divide de forma binaria. No hay dos formas únicas de ver el mundo o de pensar la política. Ni hay dos formas únicas de pensar la ciudad. Hay otras alternativas y la nuestra es una de ellas. No hay resentimiento ni despecho, sino una nueva manera de decir “Vean, nosotros somos otra cosa”.
Mucha gente lo entendió así y lo expresó con su apoyo en la primera vuelta. Muchos de ustedes lo entienden así y lo expresan a diario participando de este espacio con sus comentarios.

Voy a seguir construyendo y participando de elecciones para intentar ganarlas. Pero si eso no sucede, ni Buenos Aires ni el mundo se acaban.
Ojala las nuevas circunstancias políticas y estos resultados electorales hagan recapacitar a todos en relación a la fuerza con la que amplísimos sectores de la sociedad rechazamos la falta de diálogos respetuosos en la política, o el criterio impostado de “leales y enemigos” o las consignas “Nosotros o el caos”.
Si estos cambios suceden, siempre estaré dispuesto a conversar con aquellos con los que podamos ponernos de acuerdo en un modelo de ciudad y en valores que promover.

jueves, 28 de junio de 2007

Mi amor por Buenos Aires

Los cinco meses que quedan por delante, por más que pueda parecer una paradoja, serán la gran prueba de amor entre Buenos Aires y yo.
Es como tener una relación sentimental con alguien sabiendo que dentro de unos meses esa persona se irá por un tiempo. Por pena que nos de, o por más ganas que uno tenga de que esa separación no ocurra, si lo que impera es el vínculo, lo que uno intentará hacer es dedicarse muchísimo más al otro.
Gobernaré esta transición. No solamente por el fundamento constitucional que así lo establece, sino porque amo esta ciudad y mi mayor deseo es mejorarla. Verla más limpia, bella y justa, ya sea ganando o perdiendo la elección; empezando o terminando el mandato.
Hoy me reuní con Mauricio Macri. Nos hemos propuesto determinados mecanismos para llevar a cabo la transición y eso, sin duda, servirá como ejemplo de madurez y contribuirá al fortalecimiento de las instituciones republicanas.
Debemos generar la lógica del diálogo. Terminar con la idea de amigo-enemigo que ha caracterizado a la relación entre las distintas fuerzas políticas. Esa concepción de la política que tienen muchos, que al no resultar ganadores hacen lo imposible por destruir al otro. Lamentablemente, la apuesta al fracaso del otro sigue siendo un deporte habitual de nuestros dirigentes.
Es una vocación destructiva e incluso perversa… ¿No leyeron declaraciones y acciones de muchos que, claramente, apuntan a desestabilizar? Esos que aún después de la derrota buscan ver de qué manera pueden derrotar a otros, cuando lo único que finalmente dañan es a la sociedad en su conjunto.
Argentina no está como está por cataclismos, ni por la coyuntura internacional, sino porque las dirigencias no supieron aprovechar las buenas circunstancias.
Créanme, cuando le deseé lo mejor a Macri fui sincero. Estos meses, además de gobernar, trataré de colaborar para que las mejoras de la ciudad se profundicen.
Coordinar con mi sucesor que se garantice la continuidad de las políticas culturales, los programas sociales y los reclamos de autonomía, entre otros temas centrales para esta transición y para la gestión que vendrá.
Les seguiré contando acerca de este tema y también hablaré de todo lo que anuncié hace unos días. Pido disculpas por lo prolongado de mi ausencia, no volverá a ocurrir. Fue un largo silencio, pero necesario por numerosas razones que ya he explicado.

viernes, 15 de junio de 2007

Silencio

Estas semanas me pareció prudente que, habiendo un proceso electoral que finaliza en pocos días, mi presencia en los medios de comunicación fuera prácticamente nula. El correlato de mi prescindencia en la contienda electoral fue justamente ese, hablar lo estrictamente necesario e imprescindible hasta que se realice el ballottage.
Responder ataques o señalar los que hubo en mi contra durante la campaña podría entorpecer mi decisión de ser prescindente de aquí al 24 de junio.
No es que no me vaya a referir a ello, pero todo será más claro si lo hago después de la segunda vuelta electoral.
Además, créanme, me ilusiona mucho más hacer todo lo necesario para asegurar el buen gobierno de estos últimos meses de gestión que gastar energía en ese tipo de debate.
De todas formas, mi mayor entusiasmo radica en lo que vamos a construir de aquí en adelante. Fortalecer el espacio que hemos conformado y el vínculo que siento que se ha generado con la sociedad, de lo que este blog es para mí una clara demostración.