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lunes, 2 de marzo de 2009

Preocupado...

...por algunas voces que aún creen que por el camino de la Pena de Muerte hay alguna respuesta.


sábado, 21 de junio de 2008

Paremos a tiempo

Lo que sigue es el texto completo del artículo publicado hoy en el diario Perfil. Salvo las líneas iniciales, el texto original fue escrito hace varias semanas, antes aún de que estallara el conflicto por el aumento a las retenciones a las exportaciones agropecuarias. En estos tiempos de posiciones extremas, de gritos sin contenidos y confrontación exacerbada, creo que es oportuno revisar nuestras apatías, silencios, entusiasmos delirantes o fervorosas irresponsabilidades de nuestro pasado reciente. Sin intención moralizadora ni culposa, sino para encontrar pistas que nos ayuden a evitarnos una nueva caída a la que nos empuja una enraizada incapacidad nacional para resolver conflictos con el menor costo posible.

PARAR A TIEMPO
Tiempos nuevamente enrarecidos. Consignas altisonantes y propuestas de una frase para resolver problemas complejos. Un lenguaje cada vez más blindado circula no solamente entre la dirigencia política -adelantando climas electorales en los que solemos perder el decoro- sino en las conversaciones sociales o en el universo de los blogs. Se leen y escuchan demenciales expresiones de deseos que van casi desde el magnicidio hasta la necesidad de aniquilar a una supuesta antipatria, pasando por exabruptos tales como el inevitable derrumbe institucional o la agazapada conspiración golpista.
Como si viviésemos las vísperas de una guerra, aún latente pero fatal, son muchos los que creen que es imperativo decidir, y expresar, de qué lado se está.
Otros creemos, simplemente, que nos estamos volviendo locos.
La actual coyuntura internacional -el aumento exponencial de la demanda, y de los precios, de los alimentos, la energía y las materias primas- es generadora de crisis potenciales en todo el mundo. En algunos países, sus líderes –y no solamente sus dirigencias política- sabrán convertir esa crisis en una buena oportunidad. Que en nuestro país no convirtamos esta oportunidad en una crisis no es solamente cuestión de gobernantes, aun si al gobierno le cabe siempre una mayor responsabilidad.
Para ello, el único imperativo que tenemos es parar a tiempo, calmarnos, respirar hondo. Algo que, repasando nuestra historia, debemos reconocer que no siempre hemos sabido hacer.
Cierta pereza intelectual, o el simple rechazo colectivo a considerar cuánta responsabilidad individual tenemos en el estado de las cosas, puede llevarnos a pensar que los momentos más oscuros de nuestro pasado fueron producto, exclusivo y excluyente, del Espíritu de la Epoca.
Evitemos las miradas autocomplacientes y recordemos que ningún país está condenado ni al éxito, ni a la caída inexorable en los abismos a los que, cíclicamente, sabemos aventurarnos. Siempre es oportuno recordarlo; mucho más ahora, que sentimos que el aire comienza a ponerse un poco más espeso.
Sin duda hubo espíritu de la época en los agónicos años setentas, en los confusos ochentas, en los ilusos noventas…pero ninguna época nos pidió tanto. Los valores y creencias de cada época nos influyen, pero no nos obligan. Hubo muchos momentos, en nuestro pasado no tan lejano, en los que no reaccionamos con inteligencia, o al menos prudencia, frente a señales contundentes de descomposición. En lugar de ello creímos que se podía transar, acomodarnos lo mejor posible y esperar que un golpe de suerte o de astucia nos sacara, indemnes, de la locura.
Revistar nuestra historia reciente, sin melancolías ni culpas, pero asumiendo la parte de responsabilidad que nos toca a cada uno nos puede evitar la tentación, tan a la moda, de inventarnos un pasado heroico que no nos sirve de nada excepto para justificarnos, y, lo que es más importante, nos puede hacer reaccionar frente a síntomas del presente, en vez de compadecernos de nosotros mismos en el futuro.
La nuestra, como la de todos, es una historia de corsi e ricorsi, con momentos bastante luminosos y otros siniestramente oscuros, pero podríamos convenir que hasta los años sesentas cada generación de argentinos vivió en mejores condiciones económicas, sociales y culturales que las precedentes. Reparemos, entonces, en algunos episodios posteriores.
En los años setentas, con la guerra fría entre EEUU y la Unión Soviética de telón de fondo, todos queríamos arrancar de cuajo un orden social que sentíamos terriblemente injusto (aunque convengamos que, en nuestro país, no era tan injusto como, por ejemplo, en Nicaragua o Mozambique. Y lo sabíamos). Los principios del socialismo, presentados de diversas y, muchas veces, rústicas maneras, se colaban en todos los pensamientos y prácticas políticas de las multitudes movedizas y politizadas de la época.
Confrontábamos diferentes, o antagónicas, representaciones del mundo y creíamos en diferentes formas de organizarlo social, política y económicamente. En toda nuestra región, en el mismo Cono Sur, se cruzaron las conciencias y deseos de una generación justiciera y bienintencionada, aunque también aventurera e irresponsable, con poderes cívico-militares reaccionarios y crueles. Sin embargo, en ningún otro país un relato costumbrista sobre esos años pudo describir una escena como la final de No habrá más penas ni olvidos, de Osvaldo Soriano –dos enemigos ideológicos disparándose, uno al otro, al grito de Viva Perón-; locura que anunciaban otras infinitamente peores, la de los 30.000 desaparecidos o la perversión infinita del robo de bebés nacidos en cautiverio.
Comenzado los ochentas, aún muchos países de la región eran gobernados por militares que comenzaban a debilitarse frente a la ola democratizadora del incipiente Espíritu de la Época. Sin embargo, ninguno de esos gobiernos, tratando de aguantar un tiempito más en el poder, tramitó un reclamo justo como nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas declarándole la guerra a la OTAN, la alianza militar más poderosa de la historia de Occidente. Humillación, locura y muerte, cuando nadie lo esperaba ni nada lo exigía.
Esos ochentas, en términos económicos, fueron la década perdida y del crecimiento exponencial de las deudas externas de todos los países de la región, pero en la Argentina, a diferencia de nuestros vecinos, esa deuda superó el PBI.
Esos desequilibrios macroeconómicos fueron la causa de los descalabros de toda la región, aunque solamente en nuestro país se desataron no una, sino dos hiperinflaciones, del 2.000%, 3.000%, anualizadas.
El remedio criollo, sin demasiados antecedentes a escala planetaria, fue fijarle a nuestra moneda el mismo valor que el dólar, la unidad monetaria de la mayor potencia económica de la historia. Y como el remedio estabilizó al enfermo, decidimos extenderlo eternamente, más allá de los avatares financieros, comerciales y productivos de dos economías, la nuestra y la de EEUU., abismalmente distintas.
La maza tenaz del final de la guerra fría acababa de demoler el Muro de Berlín y lo que quedaban de los relatos emancipadores y socializantes. Comienza una etapa de liberalismo revisitado en todo el mundo, con particular énfasis en nuestro hemisferio, orientada por un texto canónico: el Consenso de Washington, en el que los países se comprometían, entre otros puntos, a modernizar sus estructuras estatales, en general deficientes, reduciendo la participación del Estado en la economía para dar mayor lugar a la iniciativa privada y a las inversiones extranjeras. Sin embargo, en ningún otro país se privatizaron y transnacionalizaron todos los servicios públicos, ni se eliminaron otros imprescindibles como los trenes, o se enajenaron los recursos naturales estratégicos como el petróleo y el agua como sí lo hicimos nosotros.
Hacia comienzos del milenio, cuando un café en Buenos Aires ya costaba el doble en dólares que en Nueva York, la ilusión terminó, y la medicina fue confiscar los depósitos bancarios, por segunda vez en una década. Quiebras, crecimiento geométrico de la pobreza y una crisis institucional, política y social que dejó marcas aún visibles.
Pocos años después de la hecatombe, políticas locales acertadas y un escenario internacional favorable mediante, nuestro país, nuevamente, comenzó una etapa de recuperación económica que acompaña, y a veces supera, a la de toda la región. Esta recuperación coincide con el comienzo de una nueva era a escala planetaria, sobre la cual solamente tenemos algunas pistas y pocas certezas. Una de esas pistas, en el nivel de las nuevas realidades materiales, es la formidable modificación de los términos de intercambio comercial producto del aumento geométrico de la demanda de alimentos. La humanidad entera seguirá durante mucho tiempo atravesada por esta nueva realidad demandante de alimentos y energía, como pocas veces hemos visto, y en la que la Argentina tiene mucho por decir y hacer. Cada país, cada sociedad lo procesará de distinto modo, sin dudas. El nuevo espíritu de la época, el que se está gestando, estará teñido también del color de esta disputa.
La época nos mete de lleno en esa problemática, pero su espíritu, como siempre, no nos obliga ni a la racionalidad ni a la locura. Deberíamos encontrar las maneras de tramitar el actual y los futuros e inevitables conflictos que toda sociedad tiene, prefiriendo inclusive sentarnos en la silla del ingenuo que cree que los otros también persiguen el bien común, en vez de tentarnos, como otras veces, en épicas de tiro corto, que mañana nos harán repetir como pavotes que la enésima caída libre de la Argentina fue culpa de la crisis mundial de alimentos.
Detenernos a tiempo no es solamente responsabilidad de los que hoy se hacen ver en la pelea.

martes, 13 de mayo de 2008

Como decíamos ayer

Acá estoy, nuevamente, retomando un diálogo interrumpido, a la espera de que ustedes también lo hagan.
Al dejar el gobierno, imaginé que cinco meses después estaríamos en una situación distinta a la que hoy vivimos: sin la crispación habitual de los años electorales a nivel nacional, y con el dinamismo que suele tener toda nueva administración a nivel local. Nos imaginaba, a todos, menos enojados y más entretenidos.
Me temo que si seguimos avanzando en esta espiral de crispación, la palabra sensata y la actitud moderada parecerán veleidades extravagantes. Los climas exasperados nos han conducido -demasiadas veces como para olvidarlo-, a la falacia binaria, a creer que la sociedad se divide en dos bandos y que es imprescindible estar en uno u otro, a sostener que todo está condenadamente mal o todo es revolucionariamente bueno y a abandonar la inteligencia de tener opiniones, ideas o reflexiones –muchas y diversas-sobre la vasta realidad.
Por esto mismo, y para recordarme y recordarnos que nuestro futuro no se juega, afortunadísimamente, en la opción Luis D’Elía/Cecilia Pando, elijo recomenzar este diálogo con ustedes evocando un episodio supuestamente menor: la invitación que me hizo Macri para reinaugurar, juntos, el Puente La Noria, obra licitada y comenzada durante nuestra gestión.
Francamente, no me interesa averiguar las verdaderas motivaciones de esa invitación. Las intenciones ocultas o las razones personales no cuentan a la hora de analizar una acción política ni a quién la lleva a cabo. Si es correcta, poco importa si lo hizo despojado de todo interés personal o para mejorar su imagen. Saber si el gobernante hace las cosas bien porque entiende que es su obligación, o porque le gusta que lo quieran, es absolutamente irrelevante.
Macri, en medio de este clima enrarecido que vivimos, creyó oportuno invitarme a inaugurar el puente y comentar que se había construido durante nuestra gestión. Actitud Buenos Aires, habríamos dicho en nuestro gobierno; como también lo fue el aceptar el convite. Nada más, y nada menos, que un hecho civilizado.
Mis diferencias con Macri, las críticas que me merecen su gestión y sus opiniones no han cambiado por ese hecho. Las iré comentando aquí y en otros espacios de opinión y construcción política que se vayan presentando.
Civilizado fue el hecho de invitarme, y civilizado también es que eso no me impide opinar que su gestión, hasta ahora, me parezca opaca.
Opaca y, en varios aspectos, ineficaz; como en el descuidado espacio público, cuyo deterioro verificamos día a día en parques, plazas y paseos. Más que rasgarse las vestiduras por las conductas desaprensivas de cierta gente, el actual gobierno debería invertir en el mantenimiento de esos lugares y en campañas de promoción de valores comunitarios y actitudes individuales, como con las que nosotros machacábamos casi hasta el hartazgo.
Estar con Macri en el acto de Puente La Noria no me impide señalar que sus mismos electores perciben que la ciudad está cada vez más sucia porque, entre otras cosas, no se avanzó en el programa de contenedores de basura que comenzamos nosotros y que demostró una gran eficacia.
Cortar la cinta de inauguración de una obra que nosotros comenzamos y ellos continuaron no me impide señalar la caída significativa de la actividad cultural en la ciudad, el abandono del interés de Estado en las industrias culturales o el cuidado del Patrimonio Histórico, motor al mismo tiempo del dinamismo social y el crecimiento económico de la Ciudad.
Mi presencia en el acto del jueves pasado no cambia mi opinión sobre lo poco y nada que se ha hecho en estos cinco meses en términos de infraestructura escolar a pesar de contar con los recursos económicos y jurídicos necesarios, de igual forma que no se ha avanzado en ampliación de los horarios de atención hospitalaria que nosotros comenzamos, luego de 20 años de que no se hiciera nada en la materia.
Son muchas las ideas y valores, contenidas en sus acciones de gobierno, que me separan de Macri. Darlas a conocer son parte de las obligaciones que tiene quién, como yo, ha decidido tener una palabra pública y política. Pero siempre, y mucho más en tiempos exasperados como éstos, preferiré hacerlo sin esa pose de falsa y gritona indignación que afecta algún opositor, tan mediocre hoy, en su rol de eterno fiscal, como ayer, cuando le tocó gobernar.
Me detengo aquí para leer sus comentarios y poder continuar, ahora sí, con este diálogo interrumpido.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Mansión Seré

Esta tarde firmamos junto al intendente de Morón, Martín Sabatella la transferencia de dominio a favor de la Municipalidad de Morón del predio en donde se encontraba el centro clandestino de detención conocido como “Mansión Seré".
Los últimos actos de una gestión de gobierno reflejan los principios sobre los cuales uno transitó, nunca claudicó, y tampoco claudicará. Hay pocas cosas que me podrían honrar tanto como hacer este acto de estricta justicia. Un acto contra el “negacionismo” y contra el olvido. Estamos satisfechos en saber que se está haciendo justicia y algo más; se está construyendo un futuro mejor impidiendo el regreso de este pasado nefasto y cruel, de la mejor forma en la que podemos luchar, que es contando lo que pasó.
El predio de la “Mansión Seré" será destinado para un Museo de la Memoria

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cárcel de Caseros

Esta mañana recorrimos las obras de demolición de la ex cárcel de Caseros y presenciamos la implosión del primer piso y la planta baja, última etapa de los trabajos.
Esta es una obra fundamental porque esta cárcel, una de las peores de la Argentina, ha sido uno de los símbolos más atroces de la injusticia, al albergar a cientos de detenidos políticos.
Pudimos cumplir con su demolición, objetivo que estuvo tanto tiempo postergado. Y a pico y pala, consensuado con los vecinos, para no perjudicar el medio ambiente.
En poco tiempo más, porque ese es el compromiso, habrá una escuela de música y un centro cultural con sala de espectáculos, exposiciones y talleres. Por último, se abrirá la calle Rondeau, entre Pichincha y Pasco. De esta manera se optimizará la factibilidad de desarrollo urbano, se eliminarán instalaciones que se han tornado incompatibles con el devenir de su entorno y se posibilitará el desarrollo barrial y la mejora de las condiciones ambientales.
Veremos vida, educación y esparcimiento donde antes había horror.

lunes, 22 de octubre de 2007

Ley contra la explotación sexual

Esta mañana promulgamos la ley contra la explotación sexual junto a sus autores, los legisladores Alejandro Rabinovich e Inés Urdapilleta.
Hay que romper todas las cadenas del comercio sexual infantil y esta normativa es un instrumento importantísimo para fortalecer esa lucha.
Lo peor que podemos hacer con nuestras miserias es ocultarlas y la prostitución infantil es uno de los escalones más bajos de la miseria humana. Es un mal de nuestra época, que crece geométricamente en todo el mundo y Buenos Aires tenía que tomar medidas sobre esta problemática.
Por eso nació esta ley, que provee a la Ciudad de Buenos Aires de normas específicas para poder sancionar a quienes, como actores secundarios, posibilitan el funcionamiento de redes de prostitución infantil.
La normativa incluye nuevas figuras en el Código Contravencional, para que se castigue a quienes promueven la explotación sexual comercial infantil. Específicamente, establece sanciones económicas y penales para quien promocione, publicite o proporcione de manera explícita o implícita cualquier ayuda, oportunidad o elementos adecuados a fin que terceros involucren a niños, niñas y adolescentes a participar en actos de contenido sexual, aun cuando éstos no se concreten, con o sin fines de lucro.

jueves, 14 de junio de 2007

Consulta postergada

Sigo convencido de la imperiosa necesidad de contar con una policía propia como parte de la autonomía plena que debe alcanzar la ciudad.
También tengo la convicción de que el gobierno nacional siempre va a encontrar el método para colocar obstáculos a la transferencia de las fuerzas de seguridad al ámbito porteño, independientemente de quien sea presidente.
Por ese motivo, creo fervientemente que el único modo de avanzar en serio en esa dirección es expresando nosotros, como porteños, nuestra voluntad a través de la consulta popular.
Tanto Macri como Filmus expresaron no estar de acuerdo con la consulta. Si bien argumentaron diferentes razones, yo creo que no están de acuerdo por el simple motivo de que fui yo quien la propuso...
Pero también es cierto que algunos señalamientos de cómo ha sido formulada la pregunta o cuál era el procedimiento correcto para participar en la consulta pueden ser atendibles, ya que no debería existir ningún tipo de confusión o duda a la hora de pronunciarnos por algo tan importante como la seguridad.
Estoy seguro de que, por un lado, la pregunta puede formularse de forma más clara y, por otro, puede mejorarse la instrucción de todas las cuestiones técnicas de cómo votar para que no haya complicaciones en el procedimiento electoral.
Como lo importante es tener la policía y avanzar en la autonomía, y no dar argumentos para que alguna cuestión técnica empañe este proyecto, he decidido no suspender, sino postergar la realización de la consulta.
Ya cuando sea electo el próximo jefe de gobierno consensuaremos una nueva fecha.
Para concluir, quiero enfatizar dos cosas: 1) Que sigo considerando necesaria la realización del plebiscito. 2) Que reivindico más que nunca la democracia semi directa de consultar a la sociedad sobre cuestiones importantes que hacen a la vida en comunidad.

lunes, 28 de mayo de 2007

Policía Porteña

"¿Está de acuerdo con que el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires promueva durante el año 2007 la creación de la policía con competencia en materia contravencional y de faltas, mientras se sigue reclamando al Gobierno federal la transferencia de los servicios de prevención y represión del delito que actualmente presta la Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Policía federal y los recursos presupuestarios correspondientes?", esta pregunta estará planteada en el plebiscito que el 24 de junio, cuando se decida quién será el jefe de Gobierno porteño, el pueblo resolverá si quiere ser autónomo y si quiere contar con la policía contravencional y de faltas.
Tomamos esta decisión clave porque es nuestra obligación como gobierno autónomo y creemos que para que este paso enorme que estamos dando tenga la contundencia que tiene que tener, vamos a necesitar, por un lado, la voz de la gente, a la que le sumaremos el mejor saber, el mejor conocimiento, como el del doctor Ricardo Gil Lavedra, que será el encargado de presidir esta comisión de juristas y constitucionalistas que en poco tiempo más le acercará al gobierno las acciones de corto, mediano y largo plazo que deben tomarse para constituir esta policía porteña.
Quisimos hacer esta convocatoria formal para que las mujeres y hombres de nuestra ciudad digamos claramente si queremos empezar a trabajar en la constitución de la policía porteña, mientras se siguen discutiendo todas aquellas cuestiones más complejas, que tienen que ver con la transferencia, la autonomía y las cuestiones de seguridad. Básicamente lo que planteamos es una policía que estará facultada para actuar en faltas y contravenciones. Una policía que también se ocupe de la organización del tránsito, la liberación del espacio público, el orden en materia de transgresiones y delitos comunes como el robo y el arrebato en la vía pública, siempre en coordinación con la Policía Federal. Una policía que podrá intervenir en casos de delitos más graves como homicidio o ataque sexual, en todo el ámbito de la ciudad. Porque estamos convencidos de que la Ciudad de Buenos Aires aún no ha tenido la posibilidad de avanzar en aquello que más temprano que tarde tiene que avanzar, que es el despliegue de la real autonomía.

martes, 13 de marzo de 2007

Centro de asistencia para chicos y jóvenes adictos al PACO

Con Gabriela Cerruti, ministra de Derechos Humanos, abrimos el primer centro del país en el que se brinda tratamiento para chicos adictos al paco. En estos temas de adicción hay que actuar de manera muy rápida y seria, más con el ‘paco’, que está destruyendo a nuestros hijos e hijas. El nuevo espacio de contención y atención se llama Casa Puerto, está en Flores. Este lugar es el núcleo de toda una red de hospitales y clínicas. Y es el primer centro especializado, en todo el país, tanto para internación como para tratamientos ambulatorios.
Esta y muchas otras iniciativas en torno del problema del paco - un fenómeno muy doloroso y enormemente destructivo- buscan dar nuevas y mejores respuestas para combatir la producción y consumo de paco. Pero lo primero es dar esas respuestas desde las políticas de inclusión y desde un abordaje cultural, el de devolver proyectos de vida y de futuro a los chicos.
Estoy convencido de que no se puede batallar contra el consumo del paco desde la mera lógica policial. Mucho menos dejarlos sin asistencia alguna. Me refiero al riesgo de abandonarlos en los circuitos grises de la judicialización, de las derivaciones demoradas, de la internación en instituciones presuntamente concebidas para regenerar delincuentes. Por supuesto que la producción de paco tiene un aspecto eminentemente delictivo y muy turbio. Interesa sobre todo la dimensión social. Y cuando se trata de trabajar en los barrios con las madres y con los chicos, antes que con un revolver desenfundado hay que ir con ganas de ayudar, de poner el hombro, con afecto, con inteligencia, con firmeza, con oídos y corazones abiertos.