jueves, 16 de junio de 2011

Buenos Aires 2007. Rosario 2011

Me gusta caminar la ciudad; mirar o hacer compras en sus comercios -desde las panaderías hasta las librerías- y en medio de nuestras vidas cotidianas conversar sobre los asuntos más diversos. Siempre sale a cuento qué cosas aprendí de los aciertos y errores de nuestra gestión, y percibo que es una gestión, en general, bien valorada... Aún por aquellos que no nos han votado.

En esas recorridas por los barrios, encuentro el afecto de quienes recuerdan hechos positivos de mi gestión y el respeto de quienes me hacen saber sus críticas.

Pensaba en otros Jefes de Gobierno o Intendentes, que también salen solos a caminar las calles de su ciudad y reciben el afecto y reconocimiento de sus vecinos. Pienso en dos que fueron uno en términos de filosofía de gestión: Hermes Binner y Miguel Lifschitz de Rosario.

Con Miguel Lifschitz fuimos contemporáneos en la gestión y compartimos afecto, encuentros y actividades en el país y en el exterior. Tanto con él, como con Binner, siempre sentí que nos unía una comunidad de valores y objetivos.

Tenemos muchos puntos en común acerca de cómo tiene que ser una gestión local, y eso nos llevó a compartir muchos encuentros, experiencias y programas de gobierno, como el impulso a la descentralización del Gobierno, la agenda digital XXI implementada en Rosario y mi proyecto de banda ancha libre y gratuita para todos, el proyecto de recuperación de la ribera Buenos Aires-Rosario que presentamos en conjunto en la Bienal de Venecia, los programas sociales y el impulso vital a la cultura, entre otros.

Lo que nos une y ubica en campamentos muy cercanos y, a la vez, distante del resto de los candidatos en la Ciudad de Buenos Aires, son dos puntos que siempre surgieron en nuestras conversaciones y son presupuestos fundamentales de nuestra gestión: equidad y modernidad como ejes organizadores de nuestro pensamiento político y acción de Gobierno.

Igualar no significa atrasar a los que van más rápido, sino garantizar y arbitrar desde el Estado que todos, individual y comunitariamente, accedamos a los bienes materiales y simbólicos que nos permitan desplegar nuestras potencialidades.

Gobernar bien requiere pensar en las personas que le dan vida a la Ciudad y no solamente en los km. cuadrados que ocupa.

Y eso se vé en un dato incontrastable: los recursos económicos de los que dispone el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se han multiplicado por 4 desde que dejamos la gestión, pero ese crecimiento no se tradujo en desarrollo. Si el gobernante solo piensa en términos de contribuyentes, recaudación y km. de superficie, podrá lograr el crecimiento de la economía. Pero si en el centro de su pensamiento y acción está la dimensión humana y cultural de la sociedad, logrará además el desarrollo de la Ciudad y su pueblo.

Cuando camino las calles de nuestra Ciudad, veo alternarse el esplendor y la miseria. Encuentro un potencial humano formidable, legados culturales que enorgullecen, jóvenes inquietos y creativos, barrios de belleza e identidad. Y también el Sur abandonado, las villas y asentamientos, los chicos del paco, suciedad en la calle, desinversión en escuelas y hospitales y el tránsito caótico. Goberné esta ciudad. Hicimos muchas cosas y muchas más quedaron en el tintero, y eso me hace pensar en todo lo que hay por hacer, y lo poco que se hizo estos cuatro años.

La Buenos Aires que dejé en 2007 y la Rosario actual tienen mucho en común. Son nuestras ciudades y las amamos con sus muchas luces y sus dolorosas sombras. Sus gobernantes no deben darle la bienvenida a los que las habitamos. La Ciudad es nuestra casa común, y a nadie se le da la bienvenida en su propia casa. Somos los gobernantes los que debemos estar a la altura de merecer la bienvenida.

martes, 14 de junio de 2011

La diferencia entre hacer y testimoniar

La tarea política tiene dos funciones necesarias, definidas y diferentes entre sí: hacer y testimoniar.

Existen políticos reconocidos y respetados que hace años desempeñan tareas legislativas, promoviendo acciones de contralor, alertas, opiniones o denuncias. Los conocemos y valoramos su vital aporte a la democracia como guardianes de la misma.

La experiencia de la Alianza UCR-Frepaso mostró lo desastroso que puede resultar poner a gestionar a gente evaluada exclusivamente por su calidad testimonial. Verdaderos fiscales en los '90, la gente valoró esa tarea y sus apariciones en el programa de Grondona, en CQC, y en tantos otros; generaban adhesión y simpatía.

El error fue creer que porque eran buenos legisladores iban a gestionar bien. Hoy seguirían siendo excelentes legisladores si su paso por la gestión no hubiera terminado, en el 2001, en la peor crisis de la historia argentina.

Hoy hay candidatos que son buenos legisladores, que alertan sobre temas clave como los recursos naturales o la destrucción del Estado, pero sin experiencia de gobierno o experiencias de baja calidad en las políticas bajo su responsabilidad.

Hasta el año 2005 los porteños votaban por valores declamados y muchas veces impostados, sin evaluar hechos de gestión o presunción de capacidad para ésta.

La desesperanza y decepción en la política, hoy, es afortunadamente menor que en los años posteriores al estallido del 2001. Hace años que, para elegir a un Jefe de Gobierno, los ciudadanos comenzaron a preguntarse quién puede resolver mejor los problemas y aprovechar mejor las oportunidades de nuestra maravillosa Ciudad.

Por eso lo prefirieron categóricamente a Macri en la segunda vuelta de 2007, porque asumieron -hoy vemos que erróneamente- que un empresario acostumbrado a resolver problemas en el ámbito privado podría gestionar exitosamente lo público en la ciudad de Buenos Aires.

Por eso se valora positivamente nuestra gestión, porque se nos evalúa, aún hoy, por lo que hicimos y no por lo que dijimos, por los problemas que resolvimos, que fueron muchos y graves, y no por lo que dijimos que hicimos.

Los porteños van a evaluar como nunca capacidad de gestión, no capacidad de crítica; capacidad de solucionar, no capacidad de impostar; propuestas, y no ironías. Por eso, sabemos que podemos llegar a la segunda vuelta. Y no nos cabe ninguna duda que, como en 2007 hubiera ocurrido, solo nosotros en segunda vuelta le ganamos a Macri.

lunes, 13 de junio de 2011

Ahora somos dos con mameluco

Hace exactamente cuatro años, siendo yo Jefe de Gobierno en funciones, acepté debatir con el candidato Mauricio Macri en el marco de la campaña electoral. Asumí como presupuesto del debate que íbamos a discutir sobre temas que formaban parte de mi trabajo diario, sobre problemas cuya resolución constituían mi agenda y mi compromiso sin límites con la gestión, y sobre los cuales Macri no tenía mucha idea.

Frente a los dos candidatos, Macri y Filmus, yo era como el mecánico que está reparando el motor de un auto singular y complejo, con el mameluco ya engrasado, y pasa un transeúnte de impecable traje y sin conocimiento específico que le dice: “¿Por qué no prueba ajustar el árbol de levas?” o cualquier otra cosa. Ese mecánico que me sentí en ese debate, se secó la transpiración y la grasa con el mameluco, y respondió con todo respeto a los hombres de impecable traje que pasaban por ahí, pero que estaba claro que nunca en su vida habían visto un motor.

Pasaron cuatro años, y hoy sí Macri -que sabe algo más de lo que sabía en 2007 y seguramente no quiere ver el video de ese debate-, sólo puede discutir gestión conmigo. El debate con otros candidatos será como fue en 2007: testimonial, superficial y sin saber de lo que se está hablando, con candidatos que expresan deseos, intenciones y críticas sobre especificidades que desconocen.

Los porteños en general, y los periodistas que organicen debates en particular, deberán elegir entre un cruce de expresiones de deseo y slogans y un debate examinador a fondo y riguroso sobre la gestión.

Para Macri resultará muy placentero y cómodo debatir con candidatos que nunca ajustaron una tuerca en un moto, pero, seguramente, debatir conmigo lo inquietará. Él sabe que yo conozco hasta la última tuerca y tornillo, y sé qué es lo que se puede hacer, qué se hizo bien, qué se hizo mal y cómo debe hacerse.

Ahora somos dos con mameluco y podemos hablar sobre el motor del auto. Los demás, con sus impecables trajes, también están invitados a participar.

jueves, 9 de junio de 2011

La Ciudad necesita un Plan Estratégico de construcción racional, sustentable y humana

Me pidieron una opinión en Facebook, desde un grupo llamado “Construcción racional y sustentable”, acerca de cómo debería ser el desarrollo en materia habitacional para la Ciudad de Buenos Aires.

Recordaban mi posición durante mi gestión, cuando luego de escuchar a los vecinos de Caballito y otros barrios, decidimos suspender por seis meses los permisos de construcción en la ciudad, mediante el dictado del Decreto Nº 1.929/06 (Boletín Oficial Nº 2.565), ante la incredulidad de los empresarios del sector que intentaron, sin éxito, presionar y modificar nuestra postura.


A partir de ese momento, se le encargó a la empresa proveedora de servicios de agua y cloacas AYSA un estudio sobre el estado y la capacidad de la red sanitaria en los 6 barrios de Buenos Aires donde más se estaban construyendo torres y grandes edificios. También a partir de ese momento, comenzó a ser obligatorio que, antes de otorgarse un permiso de construcción, AYSA certifique que es satisfactoria la cobertura de la red en la zona.

Fueron medidas audaces y de emergencia porque nos tocó corroborar, desde el gobierno, lo que ya nos preocupaba antes de asumir: la inexistencia de un Plan Estratégico Urbano Ambiental.


Sin plan no hay destino. Es salir con un barco sin rumbo y quedar a merced de los vientos. En este caso, los vientos los dirige el negocio inmobiliario más preocupado por maximizar beneficios que por construir racionalmente, en línea con las necesidades habitacionales de los porteños, y preservando la identidad del barrio, la calidad de vida y la sustentabilidad medio ambiental.

Una vez que asumió el gobierno de Macri, no solo se dejó de lado nuestra medida preventiva acerca de los permisos de nuevas construcciones, sino que no se avanzó en la discusión y aprobación del Plan Urbano Ambiental que deberá fijar reglas claras, consistentes y extendidas en el tiempo de cómo construir en la ciudad sin afectar la identidad de los barrios y calidad de vida de los porteños.


El Estado abandonó todo tipo de intervención y regulación que ponga a los intereses comunes de la sociedad por sobre los de los empresarios de la construcción.


Un plan estratégico debe estar sólidamente apoyado en pilares tales como el déficit habitacional, la sustentabilidad en términos de recursos -energía, agua e infraestructura en general-, la preservación de condiciones ambientales –el aire, el sol, la iluminación natural, los niveles de ruido y la emisiones de carbono-, y la puesta en valor de la identidad porteña y barrial. Un pensamiento y una decisión estratégica debe evitar, también, la formación de burbujas inmobiliarias que la experiencia internacional, además, ya ha mostrado adónde nos pueden llevar.

Como ejemplo sobre este último punto, un informe sobre Puerto Madero indica que sólo el 28 por ciento de las unidades cuenta con residentes permanentes. Otro tanto sucede, aunque con porcentajes un poco menos alarmantes, en las nuevas edificaciones residenciales de alta gama en toda la Ciudad.

Para una ciudad como Buenos Aires, que tiene un déficit de viviendas de alrededor de 250 mil unidades, ese porcentaje de desocupación es irracional, obsceno y nos muestra la falta de políticas de Estado en la materia.


Modelos como el de Miami se basan en un perfil constructivo destinado a atender la necesidad de valorización de las inversiones antes que las necesidades de la población. Pretender trasplantar ese modelo constructivo a la Ciudad de Buenos Aires es pensar la Ciudad desde la peor perspectiva.


La construcción “premium” se desarrolló en paralelo con el crecimiento de los asentamientos, villas de emergencia y barrios precarios. Mientras tanto el déficit de casas para la clase media se profundiza, así como la saturación de construcción en barrios como Núñez y Caballito en detrimento de otras zonas como el sur de la ciudad.


Nuestros equipos están trabajando en el diseño de un plan estratégico como nunca se hizo en la ciudad. Sin ese plan, cada día que pasa solo profundiza la crisis habitacional y los problemas sociales que de ella se derivan, así como los problemas sanitarios y ambientales que deterioran, la calidad de vida de centenares de miles de habitantes de la ciudad, generando daños irreparables e irreversibles.

martes, 7 de junio de 2011

Brindar el servicio libre de banda ancha para todos los porteños es una medida estratégica, vital e indispensable

Nadie duda del lugar central que la Internet tiene y tendrá en la producción, circulación y acceso al conocimiento y la información. En ese sentido, es cada vez es más unánime la opinión de considerar el acceso a Internet como un derecho básico y una obligación de Estado el garantizarlo.

La Ciudad de Buenos Aires debe recuperar su perdido lugar de vanguardia en la promoción igualitaria de derechos y oportunidades. Y debe hacerlo brindando un servicio gratuito y de disponibilidad inmediata de acceso a la Internet para todos los porteños.

Hace algunos años, alguien nos avisaba por celular que nos mandó un e-mail, y le respondíamos: “cuando llego a casa entro a Internet y lo veo”.

Hoy ya no entramos a Internet, hoy vivimos en Internet. Se han cortado los cables y la Web está allí donde nosotros estamos.

El mundo entero, en poco tiempo más, recordará como un sinsentido que para meternos en Internet tengamos que entrar en un bar, en una oficina o en una casa con Wi-fi. Buenos Aires debe ir a favor del espíritu de la época, garantizando la conexión gratuita, libre y de total disponibilidad todo el tiempo y en todo lugar en nuestra querida Ciudad, hoy desconectada.

Internet es hoy un lugar en el cual vivimos, trabajamos, buscamos trabajo, conocemos gente, comprendemos al otro y su cultura, proyectamos y amplificamos la nuestra, descubrimos nuevos mundos -esos nuevos mundos que la nueva era está diseñando- nos manifestamos contra las injusticias, estudiamos, aprendemos y asumimos desafíos.

La Web y su carácter 2.0 (de ida y vuelta) resulta un dispositivo clave para el desarrollo individual y colectivo. La comunicación, el intercambio de información y la revolución tecnológica nos plantean un cruce de caminos: integración con inclusión o profundización de la brecha digital con cada vez más excluidos.

Quizás muchos recuerden que pocas semanas después de asumir en el 2006 como Jefe de Gobierno, yo quise hacerlo y así lo propuse públicamente,

Las presiones de algunas empresas fueron muy fuertes y la incomprensión del problema por parte del Gobierno Nacional, no ayudó. La correlación de fuerzas en ese momento no me permitió ir contra esos intereses.

Estas empresas no advirtieron que lo que les estaba proponiendo en definitiva, también entrañaba importantes oportunidades para ellos en términos de desarrollo de nuevos negocios y tecnología. Entender, aceptar y aprovechar las nuevas realidades que nos plantean los cambios de época y el desarrollo científico-técnico requiere perseverancia y un cambio cultural, sin pensar en chico.

No tengo compromisos que me impidan llevar adelante esta inciativa desde la jefatura de gobierno y el tiempo transcurrido desde entonces ha permitido tomar conciencia sobre las ventajas enormes de llevarlo a cabo sin un solo día más.

Mi compromiso: asumimos el 10 de diciembre y antes de fin de año llamamos a licitación para proveer el servicio de banda ancha para toda la Ciudad. Una vez licitado el servicio, en 90 días me comprometo a que toda la Ciudad tenga el servicio de Banda Ancha Gratuita.

Antes de que termine mi primer año de mandato, habrá banda ancha libre gratuita y de disponibilidad inmediata para todos los porteños en una Buenos Aires conectada.

martes, 24 de mayo de 2011

Por qué no vamos solos

Nos preguntan: ¿por qué van solos?

Muchos se nos acercaron para proponeros acuerdos, lugares en las fórmulas, colectoras y posiciones en eventuales gobiernos.
La prensa recogió algunos de esos intentos, otros no trascendieron y otros fueron mera especulación.
Nos tantearon y tentaron desde diversos espacios; ofertas importantes que consideramos, agradecimos y declinamos.

Nos preguntan por qué.
Estuvimos en la gestión, gobernamos la ciudad y el haber estado allí nos permite saber que no es lo mismo repetir slogans, criticar, o lanzar propuestas voluntaristas que gestionar, hacer y gobernar.
Desde el puesto de Jefe de Gobierno en Bolívar 1, créanme, las cosas se ven diferente y permite saber qué se puede hacer, qué hay que hacer y cómo hacerlo.

Algunos de los espacios que nos propusieron articular con ellos no tuvieron nunca la responsabilidad de gobernar y sus posturas están lejos de lo que realmente es una buena gestión de una ciudad como Buenos Aires. Sus propuestas sobre Buenos Aires brillan por su ausencia y solo parecen decir que no son ni Cristina ni Macri. Eso ya lo sabemos, pero no significa nada.

Otros gestionaron áreas que no sólo no funcionan bien, sino que configuran el talón de Aquiles de nuestra sociedad. Ni como Ciudad ni como Nación alcanzaremos nuestro potencial de desarrollo si no mejoramos drástica y exponencialmente nuestra capacidad y calidad educativa.
También nos distancia la centralidad que ocupa en ese armado político un sector autodenominado progresista cuyo legado de gobernantes en la Ciudad es paupérrimo.

Otros espacios también se nos han acercado pero la distancia ideológica es demasiado grande como para siquiera sentarse a conversar.
El pueblo argentino ya sabe las consecuencias nefastas de rejuntarse solo para ganarle a alguien. El fracaso de la Alianza que nos llevó al abismo social, económico e institucional no está tan lejos.

El pueblo de la Ciudad de Buenos Aires ha saldado otros debates y sabe que experiencias no quiere repetir.

No vamos solos.
Vamos con nuestra gente, nuestros equipos, nuestra experiencia de gobierno. Valoramos nuestros aciertos, corregimos nuestros errores. Con todo ello, con nuestros valores y nuestras ideas, como en la última elección a Jefe de Gobierno cuando nos votaron cientos de miles de personas y estuvimos a 2 puntos de entrar en la segunda vuelta, en donde le hubiésemos ganado a Macri.

lunes, 23 de mayo de 2011

Sobre el problema del tránsito en la Ciudad de Buenos Aires

Al problema del tránsito hay que abordarlo de una manera integral. Comparto aquí con ustedes un video con nuestro proyecto de movilidad urbana:




viernes, 13 de mayo de 2011

Sobre las demandas sectoriales que generan caos y van en contra del bien común

Hace 10 años vivíamos en la antesala de uno de los episodios más graves de la historia moderna argentina: la crisis económica, social y política que estalló en diciembre del 2001 y nos dejó al borde de la disolución como nación y comunidad.

Se comprende que en medio de una pobreza e indigencia escandalosas, el 30% de desocupación, los ahorros personales confiscados, la caducidad del sistema financiero llevara a una fundada y profunda desconfianza a todo tipo de representación política o gremial y, en ese sentido, que las demandas y reivindicaciones de los distintos actores sociales fueran espontáneas, furiosas e intransigentes: cortes de rutas y calles, fogatas, apropiación de empresas cerradas, paros y huelgas por tiempo indeterminado, estado asambleario permanente en escuelas, barrios, facultades. Acciones límite que, aunque no solucionaran los problemas, expresaban una muy humana voluntad de supervivencia individual y colectiva.

Hoy, afortunadamente, la situación nacional es bien diferente. No hay horizonte de caída, sino de recuperación y crecimiento. La sociedad ha vuelto a considerar que la representación y agrupación política, gremial, empresarial o estudiantil es una herramienta idónea para defender intereses sectoriales. Para evitar crisis y desilusiones futuras, y lo que es más importante, para colaborar en la construcción de una sociedad armoniosa y justa, los dirigentes debemos demostrar inequívocamente que la defensa de los intereses sectoriales deben someterse a los intereses generales de la nación y la comunidad.

Si existe el compromiso genuino de robustecer el bien común, debe aceptarse la gravedad y el error de llevar adelante acciones sin importar si hacen imposible el tránsito y la vida cotidiana en la Ciudad, o si producen desabastecimiento de combustibles en todo el país, o si paralizan el tráfico aéreo, o si impiden que el espacio público sea usado libremente y por todos.

Las acciones a todo o nada y la recurrencia permanentemente a medidas extremas debilitan la legitimidad de los reclamos, son rechazados por el resto de la sociedad y van en contra del bien común y los intereses de la nación y la ciudad.

martes, 26 de abril de 2011

Nos dijeron que iba a estar bueno Buenos Aires, pero no lo está

Llama la atención la insolvencia y la falta de ideas creativas de la administración local para resolver los problemas de los porteños y modernizar la ciudad.

Los embotellamientos hacen intransitable la ciudad. Decir que el tránsito se ha convertido en un caos es describir una realidad, pero no resuelve el problema. Tampoco se resuelve cambiando de mano 4 calles, tornando doble mano Santa Fé, pintando todo de amarillo o con las bicisendas vacías de bicicletas y autos.

Nosotros vamos a presentar, en las próximas semanas, un trabajo que nuestros equipos técnicos vienen desarrollando con pasión e inteligencia desde hace tiempo y que constituye una de las obras más importantes, postergadas y decisivas de la ciudad de Buenos Aires, una obra que sin duda será histórica y que contribuirá a resolver dos de los problemas más graves que sufrimos los porteños: tránsito colapsado e inundaciones.

Se trata del Proyecto del Conector ribereño, una obra imprescindible para la ciudad, una autopista de 3 km de extensión sobre el rio que unirá la autopista Illia con la autopista Buenos Aires - La Plata, sacando del tránsito de calles y avenidas porteñas a miles de camiones, micros de gran porte y automóviles que a diario bullen por las calles de nuestra ciudad.

Este Conector ribereño le permitirá a los automovilistas que se desplacen de zona norte a zona sur hacerlo de una manera más rápida y segura, sin entrar a la ciudad, devolviéndole fluidez al tránsito en las avenidas y callles que hoy, con los niveles de producción de autos record de la Argentina, se ha tornado un infierno.

Paralelamente, el trazado de esta autopista ribereña de 3 km. de extensión que describirá una “panza” sobre el río hasta la altura del canal Mitre, permitirá que esa inmensa superficie del Río de la Plata sea utilizada como aliviador para acumular las aguas producidas por sudestadas y lluvias intensas, descargádolas luego al río con un sistema de bombeo, solucionando en forma prácticamente definitiva el problema de las inundaciones.

lunes, 25 de abril de 2011

Preparados para gobernar

Estamos preparados para gobernar la ciudad. Para nosotros Buenos Aires no es una escala técnica intermedia para llegar a un destino mayor, Buenos Aires es el destino mayor y gobernarla es el mayor honor de mi vida.

Buenos Aires no es Kamtchatka, una de las repúblicas del TEG, ese juego de estrategia donde dos o más contendientes juegan a ver quien ocupa más distritos en el tablero. Nosotros no jugamos al TEG con Buenos Aires. Para nosotros hacer un buen gobierno es un compromiso de vida y no una apuesta, como ya lo demostramos.

Buenos Aires es mi amor, mi pasión, ahí van mis pensamientos, mis ideas para hacerla mejor.

Algunos quieren gobernar Buenos Aires, como el muchacho que se pone de novio con una chica porque en realidad le gusta la prima, y es la forma de acercarse a ella. Yo estoy enamorado de Buenos Aires.

Para gobernar bien nuestra ciudad, hay que comprometerse y saber.

Les propongo a los ciudadanos de la ciudad que en estos dos meses y medio que faltan para las elecciones, piensen que candidatos vienen a hacerse cargo de Buenos Aires, y están preparados para gobernar.

Yo me comprometo con Buenos Aires y estoy preparado para gobernar

lunes, 29 de junio de 2009

Los que ya ganaron (nota publicada en el Diario Perfil el domingo)

Esta noche, a las apuradas, se hablará tanto de derrotas como de victorias. Pasado el primer fervor, veremos que en esta competencia electoral la evaluación es más compleja: hay quienes ganarán aún si no salen primeros y hay quienes perderán por más que saquen más votos. Serán los casos, entre otros, de Kirchner, Carrió -ambos serán tratados en el artículo de mañana-, De Narváez, Reutemann, Binner y la estrella de los comicios, Pino Solanas.
Los que la hemos probado, sabemos que la derrota en la política es de las que más duele y parece no tener consuelo en una sociedad que nos mira con implacable desdén y no escucha el soliloquio melancólico o cabrero que el vencido repite, por pudor, en voz baja: “ya verán que están equivocados”. La derrota nos hace patéticos y más aún si creés que la buena estrella es tu eterna compañera.
El remedio para melancólicos que deberían tomar los que no obtengan las victorias holgadas, o los segundos puestos seguros, o los terceros pero dignos que sus oráculos les pronosticaban, solo puede ser administrado una vez que pase el frenesí de la noche del domingo, y se vea que hay victorias que están más allá del lugar que se ocupa en el podio. Santa Fe será un ejemplo: Reutemann y Binner ya se han ganado un lugar central en el proceso de reorganización, contención y despliegue de la vocación de poder de sus respectivas fuerzas políticas, aunque por supuesto la victoria será sólo de uno.
Otros dos que ya ganaron están en la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires y ocupan las antípodas en términos de ideología, trayectorias personales y recursos económicos: Pino Solanas y Francisco de Narváez. Los muy buenos resultados que obtendrán ambos esta noche eran inimaginables hasta hace pocas semanas. Allí se terminan las semejanzas, porque son diferentes las razones que explican sus cosechas de votos, y también los desafíos que enfrentarán para convertir esos resultados individuales en futuras construcciones políticas colectivas y durables.
La estupenda elección que se le augura a Pino Solanas, aún si no es la que mayores consecuencias tendrá sobre el nuevo paisaje político que se abrirá a partir de mañana, resonará con fuerza. Fue construida con vocación de artista, compromiso político, persistencia en sus predicados y creció como una fuerza de la naturaleza sobre un paisaje político devastado por la disputa entre personas y no entre partidos.
Su performance electoral le abre la posibilidad de confluir con otros sectores que, con matices diversos y a veces importantes, comparten su visión de la Argentina y del mundo. Es una nueva oportunidad, en estos nuevos tiempos, para que las voces de ese sector dejen de ser sólo testimoniales e incidan en el estado de las cosas y en las decisiones nacionales.
Por cuestiones de otro tipo, lo mismo le cabe a Francisco De Narváez. Nuevamente la fortuna lo lisonjea. Lo ha ayudado el dinero, el muchísimo dinero que ha invertido en su personalísima campaña, pero fueron también su estrella y sus talentos que lo hicieron destinatario de millones de votos a su favor, y de muchísimos en contra de Néstor Kirchner. Independientemente de terminar primero o segundo en el escrutinio, deberá optar entre participar de la reorganización del Justicialismo o decidir junto a Macri quién conduce el PRO, o como finalmente se denomine esa fuerza de centro derecha.
En el primer caso, deberá buscar la bendición de sus pares y afiliados y no sólo de los televidentes. Para quien ha conseguido tanto en tan poco tiempo, es un gran desafío aceptar que las posiciones a defender son las del consenso general del partido y no las decididas entre un pequeño grupo de muy buenos amigos y creativos publicitarios.
Nuestro sistema político, aún si se recreara alrededor de dos grandes partidos nacionales como probablemente sea el caso, se vería beneficiado por la existencia de terceros partidos. En la mayoría de las democracias modernas que se desarrollan reduciendo las desigualdades, que resuelven con solvencia sus inevitables conflictos de intereses y dan espesor a su densidad nacional, aún si están marcadas por el bipartidismo, tienen terceras fuerzas que resultan decisivas en la elección de los gobernantes o permiten que la oposición imponga algunas iniciativas parlamentarias.
Si el que obtiene más votos necesita aún de alguna de esas terceras fuerzas para poder gobernar, se allana el camino hacia una mejor y más racional cultura política de acuerdos y consensos, que los argentinos necesitamos desesperadamente.
No debería escandalizarnos si ese apoyo se obtuviera a cambio del compromiso de llevar a cabo tal o cual acción de gobierno o incorporando representantes de esa fuerza política al gobierno.
Así funcionan las democracias en el mundo y tanto el PRO como del otro lado Proyecto Sur, o sus futuras denominaciones, tienen con qué convertirse en esas terceras fuerzas que inclinen el fiel de la balanza. En ese caso, el triunfo que ya obtuvieron De Narváez y Solanas valdrá el doble y será para todos.

Jorge Telerman

lunes, 22 de junio de 2009

Match Point

A la secuencia final de una campaña modelada por ShowMatch y que se desarrolló con un estilo y un discurso de tribuna enardecida, le cabe la definición de Match Point. Y al hacerlo, también se evoca el sentido que le dio Woody Allen a su película homónima: el vaivén de una pelota que en la volea final, se mece en cámara lenta sobre el filo de la red, sin saber de qué lado quedará.
A una semana de las elecciones, hay match point en dos de los cuatro distritos electorales decisivos y allí también el recorrido final de la pelota determinará no sólo un ganador sino un posible porvenir. Salir primero o segundo repartirá alegrías y tristezas, pero no despejará incertidumbres. Tal como está fragmentada la elección, con liderazgos personales que no responden a fuerzas políticas organizadas nacionalmente y con resultados quizás ajustados, nos perderemos en un estéril debate acerca de quién ganó. Y todos dirán que ganaron.
La campaña termina como empezó: salvo honrosas excepciones, con vacío de propuestas y groseras descalificaciones del contrincante. La pelota está en el filo de la red y soplan vientos cruzados. El Gobierno embarra la cancha de la oposición y la oposición se crispa a sí misma por las fotos de Cobos con De Narváez o las que éste omite con su aliado Solá.
No hace falta el resultado final para saber que todo será distinto, entre otras cosas, porque el Gobierno nacional no tendrá la mayoría legislativa que lo acompañó estos seis años. Dos caminos posibles: uno indeseable, del regodeo en la pelea eterna que exacerbaría aún más este clima venenoso y personalista del todos contra todos; y otro, más virtuoso, que nos permitiría saldar la discusión como cuadra en democracia, defendiendo y a la vez cediendo posiciones propias para arribar a consensos y acuerdos estratégicos sobre el futuro del país. Esta opción le devolvería nobleza a la política y tranquilidad a una sociedad que hoy percibe que sus preocupaciones y deseos no forman parte de las discusiones de la dirigencia.


Lo incierto del panorama incluye también a los liderazgos futuros. Algunas combinaciones probables:
Si Néstor Kirchner gana y Carlos Reutemann pierde, Daniel Scioli más que Kirchner podrá robustecer sus chances de ser el próximo candidato a presidente frente al candidato de la coalición, hoy opositora.
Si, por el contrario, Reutemann gana y Kirchner pierde, una parte importante del peronismo impulsará un proceso de internas para ungir al santafesino como candidato presidencial en 2011.
Ese resultado, asimismo, acabaría probablemente con el coqueteo que, sin mucho espesor ideológico y bastante oportunismo pragmático, algunos peronistas vienen practicando con Mauricio Macri. A nadie se le pide explicaciones en estas épocas tan raras, pero sería importante ofrecerlas alguna vez. De todas maneras, a Macri se le haría más cuesta arriba que a Reutemann u otro gobernador o dirigente peronista de peso la tarea de aquietar las aguas del PJ, propiciar un proceso de reorganización interna y ser elegido como primus inter pares en ese proceso. Cabe imaginar que si las circunstancias hicieran que un sector del peronismo impulsara a Macri como candidato, otra porción del peronismo no se sentiría representada y se dispersaría en otras fuerzas políticas o se reuniría alrededor de una liga de gobernadores con candidato propio.
Del lado de la oposición no peronista, unos resultados deslucidos de Alfonso Prat-Gay en Buenos Aires, de Margarita Stolbizer en la provincia, pero una victoria de Rubén Giustiniani en Santa Fe fortalecerían las posibilidades de Hermes Binner como candidato presidencial de esa coalición si sus dirigentes tienen la inteligencia de mantenerla viva. El radicalismo podría intentar promover a Julio Cobos, si su buena estrella sigue centelleando.
Ninguno de esos u otros resultados posibles despejan las dudas más profundas acerca de nuestro débil sistema político y eso importa más que un vibrante match point o una película inteligente. Para darles nuevos aires a nuestras instituciones, debemos asumir que habitamos la misma casa común y que como dirigentes, militantes, simpatizantes o simples interesados en la cosa pública, lo que dignifica nuestra vocación es su capacidad de forjarle un destino al país y no la de divertir a una tribuna. Esa es la primera tarea post electoral. Por más naif que suene, siempre será preferible sentarse en la silla del ingenuo que mirar desde un atalaya el entierro de una Nación.

Jorge Telerman
Publicada en el domingo 21 de junio, 2009 en
Diario Perfil

lunes, 15 de junio de 2009

Los riesgos de la antipolítica

Más deletérea que ciertas calamidades de campaña, la ola antipolítica sigue enseñoreada entre nosotros y, para colmo, luce prestigiosa y adecuada al peor sentido común.

Esta semana el productor de uno de los programas de radio más escuchados comentaba que no bien ponían al aire a algún dirigente o candidato, empezaban los llamados de los oyentes diciendo que no querían escuchar más a ningún político. Extraña paradoja de no querer oír a quienes se acusa de no escuchar.

El desarrollo pleno de nuestras capacidades de ciudadano requiere afinar el oído y discernir, desentumecer el cuerpo y participar, y abandonar los prejuicios e ir más allá del sonido y la furia de los discursos de campaña.

Todos repetimos que en esta campaña faltan ideas y sobran insultos, que hay denuncias canallas, que la renuncia a los mandatos en ejercicio y las candidaturas testimoniales están al borde de la legalidad. Pero sepamos que si perdemos toda confianza en la política, cinco personas, entre cuatro paredes, decidirán nuestro destino nacional.

Si creemos que la política fue, es y será inevitablemente una porquería, mejor quedarse en casa con nuestros asuntos privados. Pero hay otra realidad, no apta para cínicos.

La decisión de involucrarse personalmente en la vida política es difícil. Aquí y en todo el mundo, es una actividad dominada por las más densas pasiones y nace de una vocación que, por cierto, tiene mucho de ilusión omnipotente: la de representar y ser mediador de los deseos y preocupaciones de los demás para cambiar el estado de las cosas, combatir las injusticias y darle fuerza a la comunidad para que su voz se escuche y sea tomada en cuenta.

Un país puede estar determinado, en algún punto, por su geografía y sus condiciones naturales; pero nuestro destino comunitario está determinado por la voluntad participativa de quienes la integramos y de los liderazgos que nos inspiran.

Una comunidad viva y dinámica es una construcción permanente; no viene dada de una vez y para siempre. Quien se decide a participar activamente en ella abandona el cinismo tan nuestro del “no va a andar”, e intenta que sus palabras y sus acciones le acerquen la confianza de sus pares y de la sociedad que quiere representar.

Hay cientos, miles de mujeres y hombres con esa vocación política y muchos de ellos despliegan ese compromiso en su partido político, en su organización barrial, en su sindicato o en su lugar de estudio o de trabajo. Lo hacen sabiendo que es una iniciativa de éxito incierto y frustración probable, en la que quizá termines arrojándole tu honra a los perros.

Muchos de los que participan hoy en la arena política despojándose de todo cinismo y ambición corrupta supieron desde el inicio que iban a tener que lidiar, dentro de sus mismas organizaciones, con los que sólo buscan notoriedad o beneficios personales. Dividir las fuerzas políticas entre honestas y deshonestas es cándido y erróneo. Ser de derecha o de izquierda, peronista, radical o socialista, creer que el mercado lo ordena y arregla todo o que el Estado debe intervenir, regular y orientar, son marcas de identidad ideológica. Pero nunca han dividido las aguas de la ética o la moral.

Por eso se requieren ciudadanos curiosos e inquietos, que estarán más entusiasmados si los dirigentes asumimos nuestra obligación, a partir del 29 de junio, de renovar, democratizar y reorganizar nuestros partidos con padrones genuinos de afiliados y elecciones internas de autoridades y candidatos. Ahora mismo y sin demoras.

Por mucho que nos disguste esta campaña, a los candidatos en disputa no los separa solamente el espanto, sino las distintas ideas acerca del cómo y cuánto debería participar el Estado en la economía; o si nuestros recursos naturales deben ser explotados y administrados por el Estado o la empresa privada; o cuánto deben aumentarse los presupuestos de educación y salud, y de dónde sacar el dinero para ponerlo allí; o cómo y cuánto de la renta nacional se transfiere de los más ricos a los más pobres, por razones humanistas o para bajar la criminalidad.

La tarea de separar la paja del trigo y acompañar finalmente a la fuerza política y al candidato que mejor representa las ideas de cada uno es hoy más compleja que otras veces –aun para muchos que tenemos pertenencia partidaria– pero es posible. Como también es posible, a pesar del desencanto –o precisamente por eso–, que como ciudadanos participemos más, buscando más información sobre los partidos y sus candidatos, o proponiéndonos como autoridades de mesa o voluntarios en la fiscalización de los votos.

El ejercicio de nuestros derechos y el cumplimiento de nuestras obligaciones nos hace ciudadanos.

Pero hay algo que no podemos reclamar ni se nos puede exigir, y sin embargo hace la diferencia: asumir nuestras responsabilidades.


Jorge Telerman

(Publicada en el Diario Perfil el Domingo 14 de junio)

lunes, 8 de junio de 2009

Los días de la ira: poder, elecciones y escraches

El escrache es un delito y la acusación de golpista es difamatoria.
Así de simple. Y así, irresponsable y naturalmente, seguimos aceptando que el odio esté entre nosotros. Ya estaba antes, mucho antes de que esta campaña comenzara. Poco importan las razones por las que el odio se ha hecho presente en nuestra vida social y política, y menos importa discutir quién empezó. Lo que importa es erradicarlo. No se logrará en esta deslucida campaña, pobre en ideas como nunca, absurdamente plebiscitaria como si se eligiera presidente y no legisladores, y con
más candidaturas individuales que partidarias que, además, declaman soluciones de una frase para problemas complejos.
Una de las mayores tareas de los líderes y dirigentes es robustecer, en toda la sociedad, la certeza de que no solamente habitamos un mismo país, sino que formamos parte de una misma comunidad de valores e intereses. Si eso ya es muy difícil de lograr en una sociedad con obscenas diferencias entre pobres y ricos, ese objetivo se vuelve más inalcanzable aún si no hay relaciones de respeto y convivencia entre unos líderes que hasta hoy no han sabido salirse de un escenario en el que algunos generan, otros reproducen y pocos rechazan el odio.
Ese odio vociferado – y amplificado por cierto periodismo cebado en el escándalo- alienta la intolerancia de la sociedad. El círculo vicioso se cierra cuando esa dirigencia, creyendo que así no quedará descolocada frente a la opinión pública, aumenta la apuesta. Una opinión pública que no percibe actitudes ejemplares de la dirigencia nunca es buena consejera.
Es el miedo lo que nos hace odiar, porque es nuestra reacción frente a situaciones o personas que nos pueden dañar o destruir. Más allá de las pasiones indivuales -cuya moderación es asunto y tarea de cada uno-, en tanto síntomas político y social, ni el miedo se combate con otras acciones temerarias, ni el odio se disuleve impostando palabras de amor.
La precondición para diseñar un proyecto colectivo es erradicar el odio en las relaciones políticas y sus efectos en la sociedad.
La valentía, en todo caso, es poner de manifiesto una verdad, que debe decirse sin especular con que eso agregue o quite algún votante. La verdad es que, puertas adentro, los diálogos entre los dirigentes son bastante más civilizados que cuando aparecen los micrófonos, se encienden las cámaras y la consigna parece ser “¡Aplastemos al perdedor. Venguémonos del ganador!”. Nadie debe sentirse más debil, al contrario, por decir en público lo que dice en privado. Como mínimo, mostraría que a muchos les preocupa no poder encaminar la Nación, de una buena y sostenida vez por todas.
Pero como cuando no hay vida interna en los partidos políticos se acata la voz del amo, hay temor entre los oficialistas de contar en público que ellos reconocen en privado que no hay golpistas en la oposición, porque simplemente, no hay sectores golpistas en la Argentina.
Tambien en voz baja, muchos dirigentes de esa oposición admiten que ellos también eligen a dedo a sus candidatos, que aprovechan una ola de descontento en contra del gobierno nacional, y que muchas de las acciones de gobierno de estos últimos 6 años han sido correctas. Las bravuconadas y chicanas, con las que se intenta ineficazmente disimular la falta de ideas, hacen imposible los debates porque….¿cómo debatir con un golpista o un dictador?
Los poco ilustrados manuales de nuestro marketing electoral sugieren demonizar al adversario, cueste lo que cueste y no tomar los riesgos de la discusión política. “La gente no cree más en la política” repiten los gurúes que abrevan, todos, del mismo libro gordo de Petete de campaña. “Viene Chavez” o “Vuelve el 2001” son consignas igualmente falsas que apuntan a generar miedo. Luego, siembran odio.
La leyenda de la edad de oro de argentina es solo eso, una leyenda. Pero sí hubo momentos de encuentros, y si sus resultados no fueron más luminosos o no evitaron los tiempos sombríos posteriores, fue porque no los supimos sostener. No está en nuestros genes el desencuentro; ni tampoco la unión en un supuesto destino ineluctable. En los años 70, pagamos con sangre, sudor y lágrimas no haber entendido y defendido con convicción el abrazo entre Perón y Balbín. Y en los ochenta, el diálogo franco y respetuoso entre el alfonsinimo y la renovación peronista fortaleció la democracia e impidió los intentos de desestabilización institucional. Nuestra cultura política está lejos de haber mejorado desde entonces. Hoy aceptamos, por ejemplo, que la legitimidad de las candidaturas se defiende en los tribunales, y no a través de la selección interna de los partidos –elecciones abiertas, cerradas para afiliados, directas, indirectas…como sea!!-.
Por supuesto que no ha sido la falta de tiempo ni ningún otro escollo leguleyo lo que lo impidió, sino la rústica vocación de demostrar que aquí se hace lo que yo digo, y listo. Esa es la frase que mete miedo.

Jorge Telerman
Publicada el Domingo 7 de Junio en el Diario Perfil

lunes, 1 de junio de 2009

El problema no es Chávez

Hugo Chavez seguramente no imaginó que con su decisión de expropiar unas empresas de capitales argentinos, y de ¿bromear? acerca de que no lo haría con las de capitales brasileños, les estaría otorgando a los candidatos la posibilidad de discutir un tema sustancial en este período de campaña.
Sin embargo, la cuestión fue mucho más debatida entre periodistas, académicos y representantes de los trabajadores y de los empresarios que entre los candidatos que, a menos de 30 días de las elecciones, siguen en una especie de precampaña, discutiendo en los Tribunales acerca de si están jurídica y éticamente habilitados para presentarse.
Habrá que reconocerle a Hugo Chavez, entonces, la oportunidad inesperada, y por ahora desaprovechada, de debatir acerca de cómo debe actuar nuestro país frente a un hecho que, eventualmente, podría afectar nuestros intereses nacionales.
La mayoría de los candidatos siguieron metidos en su estratégica búsqueda de certificados de domicilio, o en desarrollar retóricas indescifrables para responder a la complejísima pregunta de si asumirán sus bancas si son electos, o en filmar extensas publicidades de frivolidad rampante.
Ni bien se supo de la acción expropiadora, el gobierno se puso a la defensiva, pidiéndole a Techint que reinvierta sus ganancias en emprendimientos que generen más producción, más trabajo y más conocimiento argentinos. Es un deseo correcto, y por eso los países económicamente más sólidos tienen sistemas de premios y castigos que lo incentivan.
Esos mismos países ejercen una diplomacia activa en defensa de sus empresas porque, como en nuestro caso, sus intereses nacionales también están expresados a través de inversiones de capital, público y privado, en el exterior y reclaman para sus empresas un trato igualitario en relación a las de terceros países –las brasileñas, en nuestro caso-.
Teniendo en cuenta la importancia del parlamento en la política exterior, este entredicho debería llevar a los candidatos del oficialismo a presentar y defender las acciones del gobierno en esta materia y los de la oposición a mostrar cuáles son los controles que intentan ejercer para verificar si ese principio de soberanía se cumple.
La discusión, o la falta de ella en realidad, no echó luz acerca de si la Argentina tiene mecanismos eficaces de promover y defender su comercio o sus inversiones en el exterior, sino que ratificó lo que cada uno piensa sobre Chavez, su ideología o sus extravagancias.
La principal candidata de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, que tanto promueve las virtudes del diálogo, desaprovechó otra oportunidad para ejercerlo, y de este asunto tampoco dijo nada. Imaginamos que su palabra, entonces, es la de su jefe. A Mauricio Macri se le reveló que la presencia de Chavez en el Calafate, un par de días antes de anunciar la expropiación de las empresas de Techint, es una demostración de que nos encaminamos a una ola de nacionalizaciones que pondrá a la Argentina en la senda de la experiencia del socialismo bolivariano de Venezuela. Son extrañas las cosas que dice Macri cuando no lo tiene cerca a su mayor consejero, Durán Barba. ¿O habrá sido él quien se lo sugirió?
Carlos Heller compensó la desmesura opositora. Banquero, pero de izquierda, dijo que discutir el asunto es de derecha y propio de empresarios que solo buscan que sus empresas ganen plata. ¿Pensarán lo mismo los integrantes del directorio de su banco?
La Coalición Cívica, previsiblemente, habló del autoritarismo chavista. Y muchos sugirieron que la Argentina debería enfriar las relaciones con Venezuela, incluidos sus capítulos económico y comercial. ¿Harían eso si gobernaran?
Ninguna nación se mimetiza con otra por más acuerdos estratégicos que tengan entre ellas. A partir de la presidencia de Richard Nixon, EEUU no ha cesado de profundizar su alianza con China, sin que se generase, entre los norteamericanos, ninguna inclinación al socialismo, ni entre los orientales una irrefrenable vocación de elegir a sus gobernantes a través de un sistema plural de partidos políticos o elecciones libres. Por supuesto que el peso específico de los EEUU es muy diferente al de Argentina, pero también el de China lo es en relación a Venezuela.
Las voces más articuladas se hicieron escuchar desde los sectores de la producción, y desde cierto pensamiento académico, mostrando otra vez cuánta falta hace la mediación de los partidos políticos. Esas voces explicaron que la discusión no es sobre las medidas que adoptó Venezuela, que por cierto tiene el gobierno que su pueblo ha elegido y que, además, posee y consume bienes que en un caso necesitamos y en el otro producimos. La discusión pendiente es acerca de la mejor manera de defender los intereses nacionales, en el marco de unas alianzas regionales estables, que por definición, están más allá de los gobiernos de turno. El problema, nuevamente, no es Chavez.

Jorge Telerman
Publicada en el Diario Perfil el domingo 30 de Mayo de 2009