
Hace algunos días me rendí ante mi memoria, que de manera intempestiva, me trajo recuerdos hermosos de mi paso por la escuela. Las primeras reminiscencias fueron del gran aprecio a mi maestro Alonso; un gran educador y mejor consejero; luego los recreos de la primaria tan llenos de juegos, tan divertidos.
Muchas cosas aprendí en el colegio, creo que es toda una iniciativa humana. Los primeros tiempos sobrevuelan nerviosismos típicos, hasta que te acostumbrás, y esos nervios cubiertos de sospechas, tomaban forma de coraje. Y luego vendrían más miedos, risas y fiestas. Recreos saturados de amor y política, porque creíamos en nosotros y en la posibilidad de una país más inclusivo, más bello, mejor.
Hoy soy el mismo hombre que aquel pibe del industrial, que también se movía en un ambiente cultural y que siempre, hasta el día de hoy, se destacó por ensamblar dos o más universos supuestamente alejados.